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RUTA nº 123
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Se puede hacer en cualquier época del año Desnivel de 200 a 300 metros
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Castilla-León  PROVINCIA DE AVILA
PEÑA BLANCA

UN PICO DE ORO
Paseantes y escaladores se acercan a este risco granitico de Peguerinos atraidos por un legendario tesoro

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el cámping Valle de Enmedio, donde se inicia esta caminata, tiene acceso yendo por la M-505 (Las Rozas-Ávila) hacia El Escorial y puerto de la Cruz Verde, para luego seguir por Robledondo, Santa María de la Alameda y Peguerinos. Menos distancia hay por la N-VI, desviándose a la izquierda en el puerto de Guadarrama por una pista forestal asfaltada en buen estado
no hay fuentes
recomendable en cualquier época del año y para personas de toda edad y condición física. Ideal para niños y familias
pista ancha de tierra, senda y trocha
las trochas marcadas con señales amarillas
Manuel Rincón es el autor de 'Andar por la sierra de Guadarrama', guía de la editorial La Tienda en la que se propone una variante más dura de este paseo, empezando en el collado del Hornillo y culminando Cueva Valiente después de visitar la Peña Blanca. Véase el itinerario número 5 de dicha guía, titulado 'La sierra de Malagón'
mapa 'Sierra de Guadarrama', a escala 1:50.000, de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel. 91-534 3257); en su defecto, hojas 17-20 y 17-21 del S.G.E. o las 507 y 532 del I.G.N.
 

Durante siglos, la Peña Blanca se consideró un picacho inaccesible. De ahí que en Peguerinos se forjase la leyenda de que Satanás había dejado una bolsa repleta de dinero en su cúspide a disposición del primero que la hollase. Lamentablemente, la conseja nos ha llegado así de resumida, y hay tantos motivos para pensar que Barrabás era un rumboso patrocinador de escaladas como un cabroncete ávido de descalabros. Lo único cierto, como ya observó José María Boada, es que “en algunas regiones de espiritualidad más fina, son las princesas hechizadas las que esperan la llegada del amoroso doncel; en Peguerinos, más prácticos, son las pesetas”.

La Peña Blanca es un monolito granítico de 30 metros de altura que descuella en el estribo meridional de Cueva Valiente, a caballo entre los valles de Enmedio y del arroyo del collado del Hornillo, sobre los llamados Pinares Llanos que tapizan el sureste de la sierra de Malagón, casi donde Peguerinos (Ávila) linda con Guadarrama (Madrid) y El Espinar (Segovia). Que no es inaccesible, lo demostraron en 1933 Ángel Tresaco, Teógenes Díaz y Ricardo Rubio, al escalarla por la cara norte, y Enrique Herreros, Roberto Cuñat y Candela, por la más larga y peliaguda cara sur. Que no es una mera cucaña, Ángel González, al dar un paso fatal en 1945.

Hoy, que las posibilidades de hallar un tesoro, si es que alguna vez lo hubo, son computables en cero, la Peña Blanca sigue empero proyectando su sombra legendaria sobre la imaginación de los hombres. Y no sólo de los escaladores. En los roquedos que se extienden a los pies del torreón, el caminante encontrará pasadizos, quebradas, puentes, calderones labrados por el agua en las moles de granito, balcones y cornisas de una ciudad como de diablos, cuya desolación geológica contrasta con el verdor de las praderas, el bosque de pinos albares, los altos cervunales y las laderas alfombradas de gayuba que se avizoran en derredor. Ésta es su riqueza.

En busca de este legendario paraje, vamos a aproximarnos en coche al camping Valle de Enmedio, que dista seis kilómetros de Peguerinos yendo por la pista forestal asfaltada que se dirige hacia el puerto de Guadarrama. Unos 150 metros antes de llegar a la barrera de acceso, veremos cómo surge a la derecha un ancho camino de tierra; un camino por el que nos echaremos a andar, en suavísimo ascenso, llevando a mano izquierda las aguas del arroyo del Valle de Enmedio y atisbando a mano contraria, por entre la fronda pinariega, la afilada cresta en que se encarama la Peña Blanca.

Sin alejarse en ningún momento del arroyo, el camino franquea enseguida una portilla metálica, luego se transforma en una cuesta pedregosa y, como a media hora del inicio, desemboca en la explanada que ocupa el refugio Valle de Enmedio. Descrito en 1981 por Cayetano Enríquez de Salamanca como un “encantador chalecito capaz para 12 personas”, hoy es habitación de mugre y techos desfondados que no sirve, a efectos montañeros, más que para marcar el punto donde arranca el desvío a la Peña Blanca, pues justo a su altura veremos apartarse del camino principal un senda que trepa hacia la derecha por la pina ladera: la nuestra.

En un cuarto de hora, subiendo a repecho por esta senda, alcanzaremos un rellano herboso sito a 1.705 metros de altitud. Y nada más cruzar el rellano, ya en la ladera contraria, giraremos a la diestra por una trocha, marcada con señales amarillas en los pinos, que en cuestión de 20 minutos nos llevará bordeando toda la cresta hasta el monolito de la Peña Blanca (1.662 metros). Desde el portillo que se abre a su vera, se avista el arco que describen en lontananza la cuerda de Cuelgamuros y los montes de El Escorial y Santa María de la Alameda. Allá abajo, se explayan los Pinares Llanos. Mientras que arriba, en la torre, los escaladores prueban sus difíciles habilidades, tan difíciles que parecen cosa del Diablo.