.

 
 
RUTA nº 221 PROVINCIA DE AVILA Distancia desde Madrid: 74 Kms.
Castilla-León  PINARES DEL RIO SOTILLO
60 TONELADAS DE PIÑONES
Un paseo por los ricos bosques que acompañan a este afluente del Cofio por el extremo suroriental de Avila

         Imprimir esta página

al río Sotillo se va por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Las Rozas, por la M-505 hasta El Escorial y el puerto de la Cruz Verde, por la M-512 hasta Robledo de Chavela y por la M-537 hasta Valdemaqueda. Desde Valdemaqueda hay que seguir 5 kilómetros en dirección a El Hoyo de Pinares y buscar la pista de tierra que se desvía a la izquierda 700 metros después de pasar el mojón del kilómetro 11
Ruta apta para hacer en bicicleta pistas forestales.
invierno es la mejor época para caminar por el pinar, pues el terreno está verdecido y puede asistirse a las tareas de recolección
José Manuel Martín es el autor de 'Las sierras desconocidas de Ávila', guía editada por la editorial El Senderista (Mayor, 80; tel.: 91-541 7170) en la que se describen ésta y otras excursiones por la Tierra de Pinares. Incluye croquis de los recorridos
hojas 17-21 (Las Navas del Marqués) y17-22 (San Martín de Valdeiglesias) del S.G.E. o las 532 y 557 del I.G.N.
garbanzos con níscalos, judías blancas, chuletón de Ávila y espárragos talla XXL son algunas de las suculentas sugerencias del restaurante Montecarlo (García del Real, 22; Las Navas del Marqués; tel.: 91-897 0649). No sólo es el mejor de la comarca, sino uno de los que salen mejor parados en la relación calidad-precio de todo Ávila. Precio medio-bajo. A 15 kilómetros del río Sotillo, en el pueblo madrileño de Zarzalejo, está Asunaire (tel.: 91-899 2110), una casa rural bioclimática que aprovecha hasta el último rayo del sol que incide sobre sus placas solares, su terraza-invernadero y su huerto, además de recoger en una alberca toda el agua que se escurre por su tejado mediante un acueducto que parece diseñado por el enanito Sabio. Pan, huevos, fruta, legumbres..., todo es cien por cien casero y biológico. Se dan cursos de yoga, respiración consciente, meditación zen y cocina natural. Precio bajo

Un año bueno, en el municipio abulense de El Hoyo de Pinares se recoge millón y medio de kilos de piñas, lo cual se traduce en 60 toneladas de piñones mondos y lirondos, ahí es 'na'. La recolección se inicia en noviembre y puede alargarse hasta mayo si la cosecha es excepcional, pues hay gigantes que llegan a dar hasta 4.000 piñas. Para derribarlas, los piñoneros trepan a los árboles armados con una vara de seis metros acabada en gancho, llamada 'lata', y ahora no, porque a los sindicatos les daría algo, pero antaño saltaban de copa en copa como auténticos tarzanes de Tierra de Pinares. De ahí quizá provenga la expresión 'darse un piñazo', quién sabe.

De todo esto se rodó un 'nodo' en El Hoyo, allá por 1940, que en el Hogar del Jubilado nos describen casi hasta con colores: en él se veía de cine cómo las piñas se secaban en hogueras –'moragás', les decían–; cómo luego se cascaban con machotas y cómo los piñones se separaban finalmente del resto con cribas piñoneras. Hoy, todas la piñas del término –y varias toneladas más de Andalucía y de Portugal– se llevan en camiones a la empresa local Frutos de Pinares, mayorista del piñón que ha mecanizado casi por completo la obtención de este alegrador de guisos, morcillitas y pasteles.

No es lo único que ha cambiado. En otros tiempos, al acabar la recogida se celebraba la romería de la Virgen de Navaserrada y se entonaba la jota piñonera, una jota con la que Armando Miguel Roda y su grupo folclórico grabaron –y parece ser que vendieron– 3.000 casetes en 1979. Luego la fiesta varió de fecha, los gustos musicales también variaron, todos los del grupo menos Armando murieron de viejos y hace ya dos lustros que nadie canta en el pueblo aquello de: “Y de la rica ribera, / soy del Hoyo, soy del Hoyo, / soy de la rica ribera / donde están las buenas mozas / y las cribas piñoneras.”

La rica ribera de la jota era (y es) la del río Sotillo, que allá por el extremo oriental del municipio, lindando casi con el madrileño de Valdemaqueda, corre en pos del río Cofio, con el que se junta poco antes de que éste entregue sus aguas al Alberche en el embalse de San Juan. Ya no se cultivan los judiones que la hacían doblemente rica. Pero en sus recuestos graníticos sigue intacto el viejo paisaje piñonero, un mar de copas globosas que, cabrilleando con el sesgado sol invernizo y el rocío mañanero, hace feliz al contemplador.

Nuestro paseo por estos pinares comienza en el kilómetro 11,700 de la carretera El Hoyo-Valdemaqueda, donde sale una pista de tierra a mano derecha –suponiendo que conducimos en dirección a Madrid– que en breves minutos nos ofrece una soberbia panorámica aérea del río Sotillo, el cual traza un amplio arco encajonado entre las pétreas cercas de las viejas huertas. Desde este mirador natural vemos, además, infinidad de rapaces, sobre las que señorean, por su rareza y su gran envergadura, el buitre negro y el águila imperial.

A los tres cuartos de hora de andar por esta pista, rechazamos un desvío a la diestra que invita a cruzar el río por un cercano puente de piedra. Lo mismo hacemos con otros caminos menores y con dos pistas muy claras que salen a la izquierda en los siguientes 20 minutos. No así con la tercera, que es la que cogemos para subir junto al arroyo del Majo por la llamada Cuesta Mala, aunque tampoco es para tanto. Y de este modo, al cumplirse un par de horas de marcha, alcanzamos tras la cuesta un rellano empradizado con buena vista hacia el sur: una vista que abarca, de izquierda a derecha, los cerros graníticos de las Cabreras de San Juan, las peñas de Cadalso y Cenicientos, el cerro de Guisando y las nieves de Gredos, que son lo único blanco entre tanto verde de pinos piñoneros.

En media hora más, ahora en suave descenso, salimos por el paraje de la Encrucijada a la carretera Valdemaqueda-El Hoyo, a dos kilómetros del punto de partida y a tres horas –en total– del inicio de esta gira por uno de los pinares más bellos de España, si no el que más.

.