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RUTA nº 333 PROVINCIA DE CUENCA Distancia desde Madrid: 106 Kms.
Castilla-La Mancha  SENDA DE SEGÓBRIGA
LA CIUDAD ETERNA DEL CIGÜELA
Las ruinas de la mayor urbe romana de la meseta sur invitan a pasear por la hoy solitaria Mancha conquense

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las ruinas de Segóbriga tienen cómodo acceso yendo por la carretera de Valencia (N-III) hasta Saelices, pueblo del que distan tres kilómetros
pistas de tierra y senderos en días de lluvia, se aconseja llevar botas de montaña, pues el terreno se embarra bastante
el personal del Centro de Interpretación del Parque Arqueológico de Segóbriga (tel.: 679-09 0444) nos ayudará a resolver cualquier duda sobre esta ruta. El horario de visita al centro y al yacimiento es el siguiente: del 15 de abril al 15 de septiembre, de 9.00 a 21.00; del 16 de septiembre al 14 de abril, de 10.00 a 18.00. El recinto permanece cerrado los lunes, excepto festivos. Hay que pagar entrada
invierno, primavera y otoño son las mejores épocas para hacer esta ruta circular
mapa 22-25 (Palomares del Campo) del S.G.E. o la hoja 633 del I.G.N.

Un teatro capaz para 2.000 personas, un estadio para 5.500, dos gimnasios con sauna, una plaza mayor alicatada como si fuera el Banco de España... Éstas son cosas que hoy difícilmente se hallarán en ninguna población del entorno de Madrid. Y no digamos ya en la vecina Cuenca, donde sólo dos –la capital y Tarancón– tendrían público suficiente para completar tamaños aforos; cualquier otra debería reclutar más extras que el 'casting' de 'Ben-Hur'. Pues bien: todo eso había en Segóbriga, a tres kilómetros de la actual aldea de Saelices, sobre un cerro abrazado por el Cigüela, en medio del campo sin límites, y hoy sin gente, de la Mancha conquense.

Segóbriga, que ahora yace arruinada en mitad de ninguna parte, fue, según Plinio, “cabeza de la Celtiberia”, y según los arqueólogos, la ciudad romana más boyante de la meseta meridional. Surgida al arrimo de un importante cruce de caminos –calzadas Toledo-Sigüenza y Cartagena-Alcalá–, su estrella no declinó con la de Roma, antes aumentó su población y llegó a ser sede episcopal en época visigoda. Fue la invasión árabe, con el lógico auge de plazas más fuertes y guerreras, la que marcó el principio del fin de esta pacífica urbe donde, a juzgar por los restos, debía de ser muy divertido vivir. Más que ahora en Saelices, donde no hay ni un cine, desde luego.

Que en Segóbriga no se vivía mal lo prueba la lápida de un ciudadano que llegó a los 85 años y que puede verse (la lápida, no el vejete) en el Centro de Interpretación del Parque Arqueológico de Segóbriga. También veremos bustos de emperadores, esculturas togadas y objetos más manejables como monedas acuñadas en la ceca local, vasijas de vidrio, finas cerámicas, cubiertos e incluso instrumentos quirúrgicos, señal de que se cuidaban. Y ya fuera, a espaldas del centro, veremos un panel que informa sobre la senda de la ciudad romana de Segóbriga, la cual vamos a seguir hoy remontando el valle del río Cigüela a lo largo de siete kilómetros.

Guiarán nuestros primeros pasos los restos de la necrópolis y la basílica visigoda. Luego, el teatro y el anfiteatro, que fueron construidos en el siglo I d. C. aprovechando la roca y el declive del terreno. Más arriba, la muralla, de 1.300 metros de longitud; la basílica o tribunal de justicia; la curia o ayuntamiento; el templo donde se veneraba a los emperadores deificados y el foro enlosado con todo lujo gracias a la largueza de un tal Proculus Spantamicus. Así, hasta llegar a la cima del cerro y de la buena vida: las termas monumentales, con su amplia palestra, su sauna y sus piscinas climatizadas.

Junto a las termas se erige una ermita, por detrás de la cual bajaremos atrochando por la pina umbría del cerro en dirección a una blanca casa de labor. Tras franquear el cierre metálico que delimita el yacimiento, rebasaremos dicha casa y cruzaremos el Cigüela por un puente de piedra, doblando enseguida a la izquierda para avanzar río arriba por un camino herboso que corre entre los sembrados y el encinar de la ladera. Jalonan esta senda señales de pintura blanca y amarilla y paneles didácticos. El primero versa sobre el bosque mediterráneo, que aquí se presenta virginal, ideal para alzar un templo en honor de Diana cazadora, como en su día lo hubo.

Como a una hora del inicio, saldremos a la carretera de Almonacid y cruzaremos con ella el Cigüela para continuar aguas arriba por una buena pista de tierra. En este tramo, el más espectacular, el río nos acompañará por el fondo de un precioso cañón de roca caliza, culebreando entre viejos molinos y choperas, hasta llegar al letrero de final de senda, al pie de la ruinosa fortaleza del Castillejo. En total, dos horas.

La vuelta podremos hacerla por donde vinimos o, mejor aún, siguiendo la pista que aparece aquí señalizada con un letrero hacia Saelices y luego un corto trecho de carretera hasta el yacimiento arqueológico. En cualquier caso, son otros siete kilómetros y otras dos horas. Todos los caminos llevan a Segóbriga, como a Roma.

  El 14.01.2012 Juan José Otero (jjotero@telefonica.net) nos cuenta lo siguiente: "El día 14 de enero hemos hecho la ruta 333 (Senda de Segóbriga) y quiero comentar que en el Centro de Interpretación no informan de ésta ni de ninguna otra ruta. Me dijeron que no se puede atravesar el parque para salir por la puerta sur porque todas las puertas, a excepción de la principal, están cerradas para evitar que la gente se cuele. Aceptando el razonamiento, tuve que salir y tirar por la carretera CM-310 que rodea el recinto por su lado oeste hasta pasados un kilómetro y medio, donde me desvié a la izquierda por un camino que lleva al Molino de Solacabeza. Aquí ya enganché con la ruta descrita y, como cae casi enfrente de la dichosa puerta, me acerqué y ví que...estaba sin candado y entornada aunque con el nombre de la empresa de seguridad del parque. A partir de esto, que cada cual elija lo que le convenga. Visto esto, no es mala opción seguir la ruta PR 63 que sale de la puerta del parque, lo rodea por la carretera del lado contrario (la de Almonacid) y se junta con la ruta descrita a unos 2,5 Kms, junto al puente que atraviesa el Ciguela. A partir de aquí ya se encara el desfiladero aunque la ruta PR63 sigue más allá de nuestro término, porque lleva a la Laguna del Hito (12 Kms desde Segóbriga, solo ida). Es un camino que evita los senderos embarrados y a veces tapados por los arados y, aunque es más corto, permite regresar antes al parque arqueológico y recorrerlo ya con absoluta tranquilidad. Yo lo hice a la vuelta. Perdón por lo extenso del relato." Quedáis todos informados de la situación gracias a la amabilidad de Juan José en enviarnos su muy reciente experiencia experiencia.

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