ESCAPADA TEMÁTICA nº 562 JARDINES HISTORICOS
VERDORES Y SOMBRAS DEL SIGLO XVIII
Viaje por los jardines palaciegos, sembrados de cascadas, esculturas y árboles exóticos

El siglo XVIII, además de luces y Borbones, trajo una espectacular floración de jardines palaciegos; jardines de la realeza y de la aristocracia próxima a ella que sembraron la región de esculturas mitológicas, cascadas artificiales y árboles exóticos.

Casita del Príncipe
Diseñado en 1772 por Juan de Villanueva para el entonces príncipe de Asturias y luego rey Carlos IV, este palacete de El Escorial se encuentra rodeado por dos jardines concéntricos: un ordenado pensil poco mayor que un campo de fútbol y, en torno suyo, un gran parque en declive de 2.908 metros de perímetro amurallado, el cual linda por arriba con el monasterio de San Lorenzo y por abajo con la estación de tren.

En el jardín exterior predominan las especies autóctonas -arces, robles, fresnos, encinas...-; en el interior, los setos laberínticos de boj, los frutales y los enormes árboles exóticos, sobre los que señorea una secuoya de 43 metros de altura y 13 de circunferencia en la base del tronco. Junto a la estación se halla el acceso principal, y nada más traspasar la verja hay, bajo seis esbeltos pinsapos, un mapa sobre el que cada cual puede planear la visita a su gusto. Dos horas, como poco, se echan. (Teléfono 918 905 903. www.patrimonionacional.es)

Aranjuez
Cervantes los cantó, Rusiñol los pintó y el maestro Rodrigo los puso en solfa de la buena. Son los jardines de Aranjuez: el del Parterre, el de la Isla, el de Isabel II y, sobre todos ellos, el del Príncipe, que, con cerca de 150 hectáreas, es el más grande del real sitio y uno de los mayores de Europa. Al norte, limita con el sinuoso Tajo; al mediodía, linda con la rectilínea calle de la Reina a lo largo de tres kilómetros. Lo pueblan majestuosos plátanos, tilos y castaños de Indias, así como viejos oriundos de América: liquidámbares, pacanas, caquis de Virginia, ahuehuetes... Otros de sus atractivos son el Museo de Falúas, donde se conservan las barcas que los reyes usaban para fardar navegando por el Tajo, y la Casa del Labrador, palacete de Carlos IV y María Luisa de Parma lleno de caprichos tales como el Gabinete de Platino, con adornos de eso mismo. (Oficina de Turismo de Aranjuez, teléfono 918 910 427; www.aranjuez.es).

Jardines de la Quinta
Éste de El Pardo es, según los que saben, el ejemplo más refinado de jardín formal del Barroco tardío en España. Fue creado hacia 1725 por el militar francés Claudio Truchet -otros dicen que por el arquitecto Marchand- para el duque del Arco, que era el que le organizaba las cacerías a Felipe V y el que le libró de ser embestido por un jabalí herido en una de ellas. No es, pues, de extrañar que eligiese estos cinegéticos pagos para construir una quinta que, tras morir sin hijos en 1737, fue donada por su viuda a la Corona. Desde el arroyo que atraviesa la finca, los jardines ascienden hasta el palacete formando cuatro terrazas unidas por escaleras, rampas y saltos de agua. La más baja se ordena alrededor de un surtidor; la segunda alberga una cascada artificial; la tercera, dos tremendas secuoyas; y en la más alta, y bella, hay un estanque, una gruta y una perspectiva completa del conjunto. (Teléfono 913 761 500; www.patrimonionacional.es)

El Capricho
La perla de los jardines históricos madrileños es este romántico parque de la Alameda de Osuna, que fue trazado entre 1787 y 1834 sobre planos del francés Mulot. El nombre le viene al pelo, porque está lleno de caprichos de su fundadora, María Josefa Alonso Pimentel de la Soledad, novena duquesa de Osuna. En sus 17 hectáreas hay un palacio, un laberinto, una ría, un lago con isla y embarcadero, y un templete dedicado a Baco. Como a ella le gustaban las lilas, el parque está lleno: un fragante sotobosque sobre el que descuellan monumentales pinos piñoneros, cipreses y plátanos de sombra. Se puede ir en metro (El Capricho) o en autobús (líneas 101, 105 y 151). Más información, en el 010 y en www.esmadrid.com.

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