Acostumbrados
a consumir productos de lejanos países, incluso de los antípodas,
a menudo olvidamos la riqueza agroalimentaria que atesora nuestra región.
Desde las amplias vegas sureñas del Tajo y el Tajuña hasta
los pequeños huertos de la sierra norte, la tierra de Madrid es
pródiga en frutos de óptima calidad. Salir en su busca
es la propuesta. He aquí unos cuantos pueblos y sus productos.
En www.alimentosdemadrid.org se hallará una lista completa de
la despensa regional.
Aranjuez: fresas y espárragos
Es fama que la primera línea férrea de Madrid, y segunda
de España, se construyó en 1851 para acercar a la capital
los frutos de la ubérrima vega de Aranjuez. Junto a la delicada
fresa que dio nombre al tren, son objeto de avidez el más resistente
fresón -en su variedad mariguín, originaria de América-
y el espárrago verde, cuyo cultivo fue traído de Holanda
en el siglo XVIII por el gran jardinero real Pablo Boutelou. En Sabores
de Aranjuez venden fresones que dan cien vueltas a los mejores de Huelva
y espárragos de tamaño impúdico, recién cogidos
en el huerto que tienen a orillas del Tajo. También hacen conservas
artesanas, sin aditivos artificiales: mermeladas de fresón, melocotón,
ciruela, pimiento rojo y cebolla; calabacines y alcachofas aliñadas;
licores... Están en una calle de nombre muy apropiado (Almíbar,
127), cerca de la plaza de toros, y por la gran demanda que tienen, conviene
reservar en el teléfono 918 922 780. (www.saboresdearanjuez.com)
Chinchón: ajos y anís
Aunque la variedad fina de Chinchón prácticamente ha pasado
a la historia, porque es muy canija y engorrosa de pelar, esta ciudad
del sureste sigue siendo la capital madrileña del ajo, con una
producción anual de cuatro millones de kilos, parte de los cuales
inundan las dos docenas de tiendas de recuerdos y productos típicos
que hay en la plaza Mayor y sus aledaños. La más auténtica
es la que tiene el septuagenario agricultor Gregorio Álvarez en
la esquina con la calle de Mulillas, abarrotada de ristras, aperos y
carteles taurinos. El otro producto que copa los escaparates de la plaza
es el anís, que se elabora en cantidades industriales desde 1911,
cuando 300 cosecheros fundaron la Sociedad Cooperativa Alcoholera de
Chinchón. Hay tres tipos: dulce de 35 grados, seco de 43 y seco
especial de 74, que es puro fuego. Más información, en
la Oficina de Turismo de Chinchón (plaza Mayor, 6; teléfono,
918 935 323) y en www.ciudad-chinchon.com.
Campo Real: aceitunas y queso
Las aceitunas de este pueblo tienen tanta fama, que los olivos locales
no dan abasto y aquéllas acaban trayéndose, en su inmensa
mayoría, de Jaén. En realidad, lo que importa no es tanto
el fruto como el aliño, en el que entran el tomillo, el hinojo,
el orégano, el ajo, el laurel, la mejorana y el comino, más
el toque secreto de cada cual. Se venden al por menor en Aceitunas
Morera (Ejido, 4), El Guinda (camino de Loeches, 14), José Luis
González (carretera del Villar, Km. 0,300) y Bernabé e
Hijos (camino del Monte, 1). Con el queso de Campo Real, también
famoso, pasa algo parecido, que las 100.000 ovejas que forman la cabaña
de la cooperativa productora del mismo, no caben en el término.
El más demandado es el tradicional, madurado de 45 a 60 días,
de sabor suave y mantecoso. Y el lugar donde los vecinos suelen adquirirlo
es la carnicería de Antonio Rubio (Mercado, 3). Más detalles,
en www.aceitunasdecamporeal.com y en www.quesoscamporeal.com.
Navalcarnero: garbanzos
En esta villa del suroeste hay un refrán que dice: "El buen
garbanzo y el buen ladrón, de Navalcarnero son". Lo del buen
ladrón es una historia vieja, de cuando el Tío Juanón
robaba en las huertas de los pudientes para dar de comer a los pobres.
Pero el garbanzo de la tierra, aunque cada día más escaso
-ya sólo lo cultivan tres agricultores-, sigue siendo muy apreciado:
por su suavidad y porque no se deshace al cocerlo. Con él se elabora
aquí la olla del segador, una variedad del cocido madrileño
que antiguamente se llevaba a los trabajadores del campo -de ahí,
su nombre- y que incorpora arroz y hierbabuena. Garbanzos y otros productos
típicos -vino, aceite, repostería...- se pueden adquirir
en Puerta de la Cadena (El Escorial, 34), El Toril (Blasco Ibáñez,
2) y las bodegas Ricardo Benito (Charcones, 10). Más información,
en la Oficina de Turismo de Navalcarnero: Plaza de Segovia, 1; teléfono,
918 101 142; www.turismo-navalcarnero.com.
Sierra norte: judiones y miel
Hace 30 años, en Montejo de la Sierra empezaron a cultivar los
judiones de La Granja y -misterios de la agronomía- salieron mejores,
con "mucha miga y poca corteza", como dicen allí. Total,
que se los quitan de las manos. Los pocos que hay, se pueden encontrar
cocinados en el Mesón El Hayedo (918 697 023), que dispone de
producción propia, y crudos en el autoservicio Laudel (Real, 3)
y La Alacena de la Abuela (Real, 36). Lo que no escasea en la sierra
norte es la miel, con 60 toneladas anuales de cosecha y más de
100 productores. Uno de los más reputados es Miel de Patones,
de Patones de Abajo (Castrón, 5), que elabora y vende miel ecológica
-multifloral, de romero y de roble- y polen, además de nueces
con miel y panales en porciones. Para conocer el proceso de extracción
y elaboración, podemos quedar con el apicultor Luis Escudero (918
431 694), que posee unas instalaciones modélicas en Torremocha
del Jarama. |