ESCAPADA TEMÁTICA nº 571 POZAS
CHAPUZONES EN AGUA FRÍA DE MONTAÑA PARA COMBATIR EL CALOR
Los Chorros forman un rosario de pozas solitarias asombradas por pinos corpulentos

Pocos placeres más elementales e intensos que zambullirse en pleno verano en una charca rebosante de las aguas frías de la montaña, cuya pureza atestiguan las truchas y las nutrias. La Pedriza del Manzanares, el valle del Lozoya y la cuenca alta del Eresma ofrecen las mejores ocasiones para ello en la sierra de Guadarrama. A continuación se proponen cuatro sencillas rutas a pie para acercarse a las pozas más bellas y solitarias de la región.

Río Cambrones
La poza del Guindo semeja un gran espejo ovalado: un espejo de 20 metros de largo por la mitad de ancho, enmarcado en una orla de hierba sobre la que se yerguen y contonean, mirándose y remirándose en el cristal de las aguas, varios álamos, fresnos, sauces y un lánguido cerezo, o guindo, que es el que da nombre al remanso.

Más arriba de la del Guindo, que, con su corte de árboles presumidos, es la reina de las pozas de la sierra, quedan la de Enmedio, la Negra -negrísima su agua en un tenebroso hondón, al pie de una espumeante cascada-, la del Barbas y un interminable rosario de pozas escalonadas que, de tan alto como suben, ya sólo espejan el cielo. Son las pozas o calderas del Cambrones, un riacho bravo y saltarín que desciende 900 metros en 14 kilómetros, desde su cuna en el puerto de Malagosto hasta las vecindades de La Granja, donde se lo bebe el Eresma. A las pozas se llega andando en una hora desde La Granja, por una senda que se desvía del viejo paseo de la Casa de Vacas a 500 metros del puente de la Princesa. La descripción y el croquis de la ruta se hallarán en www.segoviasur.com y en la oficina de información turística del paseo del Pocillo (teléfono: 676 457 395), cerca del punto de partida.

Angostura
Desde el área recreativa Las Presillas, en El Paular, hasta la poza de Sócrates, junto al puerto de los Cotos, el río de la Angostura o alto Lozoya ofrece 15 kilómetros de buenas razones para darse un chapuzón. Las charcas más solitarias y apetecibles son las que quedan a medio camino, donde no se puede llegar directamente en coche.

Para disfrutar de ellas, nos echaremos a andar por la pista forestal cerrada al tráfico con barrera que nace en el kilómetro 32,4 de la carretera M-604 -a mano izquierda, según se sube hacia Cotos-, la cual nos llevará en media hora hasta el anciano puente de piedra de la Angostura, donde cambiaremos de margen.

Entre este puente y el de madera de los Hoyones, que está a dos kilómetros río arriba -otra media hora-, veremos sucederse los rápidos, las cascadas y las pozas profundas, más que muchas piscinas, a la sombra de los pinos albares, los robles y los abedules. Bañistas, en cambio, no veremos otros que los martines pescadores y las nutrias. Para orientarnos, hay sendos centros de educación ambiental en Cotos (teléfono: 918 520 857) y El Paular (teléfono: 918 691 757). Otra referencia útil para caminar por la zona es www.andarines.com/madrid/laangostura/angostura.htm

Alto Manzanares
Caminando río arriba desde el último aparcamiento de la Pedriza se llega en tres cuartos de hora a la archifamosa Charca Verde, una poza de 20 metros donde al agua adquiere un vivo color de elixir de clorofila al remansarse entre gigantescas lanchas de granito que sirven de solárium para la muchedumbre habitual de bañistas. Muy tranquilo, el lugar, no es.

Si lo que se busca es intimidad, hay que seguir remontando el Manzanares casi dos horas; de hacerlo así, hallaremos, justo por encima de las cascadas conocidas como los Chorros, un rosario de pozas solitarias asombradas por pinos silvestres de añosísima corpulencia, con vistas a la riscosa cuerda de las Milaneras.

Sobre la ruta de los Chorros -diez kilómetros y cinco horas de duración, incluida la vuelta por el mismo camino- informan en el centro de educación ambiental (teléfono: 918 539 978) que abre todos los días junto al control de acceso a la Pedriza, a dos kilómetros de Manzanares El Real.

En los días más calurosos del verano, mejor opción que subir, es efectuar el descenso del Manzanares desde su nacimiento en el Ventisquero de la Condesa, cerca del puerto de Navacerrada, recorrido que se describe con detalle en www.excursionesysenderismo.com.

Aguilón
Este arroyo, uno de los principales afluentes del Lozoya, se tropieza en su curso medio con una impresionante quebrada, lóbrega y vertiginosa, por la que se abre paso brincando de poza en poza con saltos de hasta 15 metros de altura.

El Purgatorio, que así se llama el paraje, es uno de los enclaves de mayor valor ecológico de la región, habitado por la nutria y el desmán de los Pirineos, lo que habla de la pureza casi teórica de estas aguas recién nacidas en la umbría de la Najarra. El camino de acceso, bien señalizado, parte del centro de educación ambiental Puente del Perdón (teléfono: 918 691 757), en el kilómetro 27,6 de la carretera M-604, a dos de Rascafría, y se va abriendo paso por robledales y pinares hasta llegar a la quebrada de marras.

La senda acaba en un mirador de madera frente a una de las cascadas, pero se puede seguir subiendo con cuidado por los escarpes rocosos de la margen derecha -izquierda, según se asciende- para gozar de las pozas que se esconden allende el Purgatorio. Este lugar, más alto, bello y solitario, es, apurando la metáfora, el paraíso. Son 12 kilómetros y cuatro horas de paseo, incluida la vuelta por el mismo camino. Se encuentran más detalles de la ruta en www.madrid.org/inforjoven.

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