RUTA nº 005 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 2 Distancia desde Madrid: 98 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  ASCENSO AL PORREJÓN
VUELTA AL SILÚRICO
Afiladas pizarras erizan los montes que rodean Puebla de la Sierra, en el lejano noreste de la región

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el puerto de la Puebla se halla a 98 kilómetros de Madrid, en la carretera que va de Prádena del Rincón a La Puebla de la Sierra. Tiene su mejor acceso por la N-I hasta Buitrago, donde hay que desviarse hacia Gandullas, Prádena y La Puebla. No hay transporte público
Domingo Pliego es autor de La Sierra Pobre, guía editada por Desnivel donde se describen ésta y otras 43 excursiones por la zona
mapa 'Sierras de Ayllón y Ocejón', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38)
en el Parador de la Puebla (teléfono 91 869 7256) se come bien y se duerme mejor. El alquiler de viviendas rurales en La Puebla de la Sierra de arquitectura tradicional, con precios que rondan las 6.000 pesetas por casa y noche, lo gestionan en el Centro de Recursos de Montejo de la Sierra (teléfono 91 869 7058)

Cuando uno se topa en el monte con dos hileras paralelas de ciclópeas lastras verticales formando una especie de calle, como las que se ven caminando por el alto del Porrejón, lo normal es relacionar el paraje con algún santuario druídico tipo Stonehenge; o con algún hercúleo pastor íbero al que se le fue la mano cercando su majada; o, más revesadamente, con el espinazo fósil de un estegosaurio, que, como nadie ignora, tenía dos filas de placas dorsales. Todas estas hipótesis, por disímiles que parezcan, incurren en idéntico error: atribuyen al fenómeno un origen demasiado reciente.

Sucedió en el Silúrico, hace 440 millones de años. En aquellos tiempos, sobre la faz de la Tierra no había apenas nada: acababan de aparecer las primeras plantas (sin hojas), los primeros insectos y los escorpiones, y fue entonces cuando se fraguaron -que es a lo que vamos- los cerros pizarrosos que hoy ponen una nota de terrible belleza en el noreste de Madrid. La erosión hizo el resto: ora un picacho, al disgregarse en gleras o lanchares, finge un castillo en ruinas, con su cresta festoneada de almenas; ora un estrato vertical de pizarra, cuyo relleno ha sido arrasado por los meteoros, asoma sus afilados bordes aparentando un monumento megalítico, un corral de titanes, una osamenta de bestia antediluviana, o lo que sea.

El circo montañoso que abraza, que asfixia casi, Puebla de la Sierra abunda en prodigios geológicos como éstos. Allí, en un silencio silúrico, la pizarra, afilándose de continuo, ha obrado corredores, graderías, pináculos, chapiteles... Pero no es ésta una arquitectura para hombres. De hecho, el término registra una densidad de un habitante por kilómetro cuadrado: la menor de la región. Ya don Casiano del Prado, que anduvo por aquí hacia 1852 exhumando minerales y fósiles, observó que éste y otros pueblos del contorno "son de los más pobres de la provincia y de los más aislados, pues los caminos que los ponen en comunicación con los inmediatos son sumamente penosos, y con frecuencia se ven caballerías que caen rodando por aquellos reventones cuando van cargadas". Asaz sinuosa sigue siendo la carretera que va de Prádena del Rincón a Puebla de la Sierra; la carretera por la que habremos de serpentear al volante para, una vez llegados al puerto de la Puebla -o de Cerro Montejo, 1.636 metros-, echarnos a andar hacia el norte por todo lo alto. Siempre por la línea de cumbres, no hallaremos más obstáculo que una riscosa cresta que corta el paso como a media hora del puerto, la cual habremos de sortear colándonos por una amplia brecha que se abre en su parte más baja, a manderecha, para luego subir de nuevo a la cuerda y alcanzar, en otra media hora larga, el vértice geodésico del Porrejón (1.827 metros).

Álzase el Porrejón en plena divisoria de aguas y de vistas. Por el sur, da aguas al río de la Puebla -tributario del Lozoya- y vistas al valle y al caserío del mismo nombre, apareciendo, este último, minúsculo en el mayúsculo hondón, flanqueado por los picos de la Tornera, a levante, y la Peña de la Cabra, a poniente. Por la vertiente contraria, aguas al Jarama -que corre por la linde de Madrid y Guadalajara- y vistas a la Somosierra, al puntiagudo pico del Lobo y a todo el macizo de Ayllón hasta la cima del orondo Ocejón.

Continuando por la loma cimera, rebasaremos sucesivos afloramientos de pizarra salpicados de cuarcita, entre brecinas de flor lila y serbales que milagrosamente enraízan en la roca desnuda. Así, hasta llegar a unas dos horas del inicio al collado de las Palomas (1.600 metros). Por aquí pasan -para su desgracia, pues hay puestos de caza- estas pacíficas aves durante sus migraciones. Y por aquí atraviesa una pista forestal que, de seguirla a mano izquierda, nos va a devolver, faldeando el Porrejón, hasta la carretera de Prádena a La Puebla, a sólo dos kilómetros del puerto. Poca cosa, si se tiene en cuenta que venimos andando desde el Silúrico.

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