RUTA nº 124 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 2 Distancia desde Madrid: 85 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  PRESA DE EL VILLAR
A FINALES DE ABRIL, JARAS MIL
Un paseo desde Serrada de la Fuente por los jarales fragantes que rodean el embalse más antiguo de la región

         Imprimir esta página

Serrada de la Fuente tiene acceso por la carretera de Burgos (N-I), tomando en Lozoyuela el desvío hacia Cinco Villas y Paredes de Buitrago (M-135) y luego la M-127 hacia el sur. El servicio de autobuses es tan exiguo (Continental Auto, tel.: 91-314 5755) que se impone el coche particular
Ruta apta para hacer en bicicletael tramo que va de Serrada de la Fuente a la presa de El Villar es perfecto para bicis de montaña, pudiendo completarse el circuito por la carretera que rodea el embalse, apenas transitada
Serrada de la Fuente tiene acceso por la carretera de Burgos (N-I), tomando en Lozoyuela el desvío hacia Cinco Villas y Paredes de Buitrago (M-135) y luego la M-127 hacia el sur. El servicio de autobuses es tan exiguo (Continental Auto, tel.: 91-314 5755) que se impone el coche particular
Ginés López González es el autor de 'La guía de Incafo de los árboles y arbustos de la península Ibérica', manual utilísimo para senderistas aficionados a la botánica. También recomendable, la 'Guía Botánica del Sistema Central español' (Pirámide), de Modesto Luceño y Pablo Vargas
hoja 19-19 (Buitrago del Lozoya) del Servicio Geográfico del Ejército o la 484 del Instituto Geográfico Nacional; mapa 'Sierra Norte', de la Tienda Verde

Los moros le llamaron 'sara', simplemente matorral, acaso porque acababan de llegar del desierto y no sabían discernir un cantueso de un rosal. A los cristianos, que sí sabían, el nombre les debió de sonar exótico y con él se ha quedado: jara. Enamorada del sol y del suelo pobre –cuanto más ácido, mejor–, esta gitana ha hallado en los montes pizarrosos del noreste madrileño terreno pésimamente abonado y allí campa a sus anchas. Pueblos como Serrada, Berzosa o Robledillo yacen en la alfombra verdinegra de la comarca de la Jara. Un tapiz que, en llegando mayo, florece unánime.

Jara pringosa es la especie que boya en estas soledades; jara mera y pegadiza cual verso de la serranilla, que no en balde fue señor de estas tierras, otrora de Buitrago, aquel viril y dulce marqués de Santillana: “Madrugando en Robledillo / por yr buscar un venado, / fallé luego al Colladillo / caça, de que fui pagado. / Al pie de essa grant montaña, / la que diçen de Verçossa, / ví guardar muy grant cabaña / de vacas moça fermosa. / Si voluntat no m'engaña, /no ví otra más graçiosa: / si alguna desto s'ensaña, / lóela su namorado”. Tierras hoy de casi nadie, apenas 200 vecinos, en las que emprenderemos nuestra andanza en pos de la presa de El Villar.

“Al pie de essa grant montaña”, que sin duda era (y es) Peña el Águila y sus estribos meridionales, hállase plantada Serrada de la Fuente, con su iglesia de San Andrés, sus casas de piedra y horno adosado, su plazuela, su bar y su fuente. No tiene Serrada grandísimos monumentos, pero sí una ruta de belleza monumental: la que, bajando por la calle de las eras, enlaza con una pista forestal hacia el suroeste para, después de salvar varios regatos umbrosos, culebrear interminablemente por los fragantes dominios de la jara.

Pinos resineros de porte raquítico, plantados muy a su pesar en este 'gulag' de esquisto y mica, tratan en vano de hacer sombra al ubicuo jaral. Y es que el ládano que segregan las pringosas (de ahí su nombre científico: 'Cistus ladanifer') parece ser que inhibe el crecimiento de cualquier otra planta. Cosa curiosa, el ládano se empleaba antaño como sedante y entraba en la composición del emplasto regio, ¡mano de santo para las hernias! Y más curiosa aun: se extraía haciendo circular un hatajo de cabras por un jaral para, a continuación, peinarles las barbas; también se utilizaba a hombres con mandiles de cuero, pero los sindicatos debieron de poner el grito en el cielo y comenzó a estudiarse la posibilidad de hervir las jaras sin más. Hoy sólo se usa como fijador de perfumes.

Alrededor de diez kilómetros separan Serrada de El Villar: dos leguas escasas de camino por pista franca entre jaras reventonas de albos florones. Como reventón está este embalse del río Lozoya que, al límite de su capacidad (22 hectómetros cúbicos), se alivia del sobrante en formidable cascada. Erigida en 1879, la presa no sólo es la más antigua de las que aún se encuentran en servicio en nuestra comunidad, sino la primera de su género (gravedad) que se construyó en Europa, adelantándose en esto Madrid al resto del planeta en un tercio de siglo. Para más lujo, colocó la primera piedra el entonces ministro de Fomento don José Echegaray, a quien años más tarde le tocaría el premio Nobel de Literatura.

Asomado al murallón de 45 metros que ciñe tanta dulzura, el excursionista se debate entre: a) no me complico la vida y vuelvo sobre mis pasos; o b) completo el circuito alrededor del embalse aunque me deje las uñas de los pies. En caso de elegir b), lo menos azaroso es proseguir por carretera hasta Manjirón y allí preguntar por la antigua cañada de Paredes de Buitrago; siguiendo el tendido eléctrico, el tozudo excursionista se plantará en la anciana presa del Tenebroso y, después de cruzarla, seguirá hacia el norte hasta Paredes para, de nuevo por asfalto, personarse en Serrada poco antes de que se acueste el sol sobre los jarales floridos. Nosotros, para curarnos en salud, sólo recomendamos aquí la opción a).

.