RUTA nº 126 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 2 Distancia desde Madrid: 98 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  LOS MOLINOS DE LA HIRUELA
EL MILAGRO DE LOS PANES
Las ruinas de dos aceñas jalonan una bella senda por los robledales y los verdes sotos del alto Jarama

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La Hiruela tiene acceso desde Madrid por la carretera de Burgos (NI) hasta Buitrago, para seguir por la M-127 hasta Prádena del Rincón y por la M-137 hacia Montejo y La Hiruela. Hay autobuses de Continental Auto (91 314 5755) hasta Buitrago, donde se conecta con un servicio especial a La Hiruela línea 911 del Consorcio de Transportes, 91 580 1980)
primavera y otoño son las épocas en que los sotos del alto Jarama alcanzan una deslumbrante belleza
el Centro de Recurso de Montaña de Montejo, (91 869 7058 y 91 869 7217), paso obligado para ir a La Hiruela, ofrece la información de esta senda. Tambien puede encontrarse un croquis de la misma y datos de interés sobre el pueblo – alojamientos, restaurantes, artesanos –, en la página web http://www.sierranorte.com
hoja 20-18 (Tamajón) del Servicio Geográfico del Ejército o la 459 del Instituto Geográfico Nacional; mapa excursionista 'Sierras de Ayllón y Ocejón' de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel. 91-534 3257)

Hoy el pan llega calentito hasta las aldeas más apartadas de la sierra a bordo de unas trepidantes furgonetas que se anuncian tocando el claxon como si acabaran de capitular los Imperios Centrales. Siempre que oímos estos alegres bocinazos, nos preguntamos qué beneficio puede obtenerse de una barra transportada a través de varios puertos de montaña, una vez descontados los seguros, el carburante, las reparaciones, etcétera..., pero nuestros cálculos más negros palidecen al considerar que hace años era aun peor.

En los tiempos no muy lejanos de la subsistencia, en La Hiruela había que arar, binar, sembrar, segar, trillar, aventar y acarrear la parva cosecha de centeno hasta los molinos del Jarama, a una buena tirada monte abajo. La alternativa era trocar en Buitrago carbón, lino, miel, manzanas o cerezas –de todo lo cual había a patás en el pueblo– por hogazas, pero aquel viaje de 25 kilómetros y otros tantos de vuelta, en burro y con el puerto de La Hiruela por medio, debía de ser como para plantearse el mojar con los dedos.

En 1751, La Hiruela tenía 220 habitantes; en 1991, sólo 32, la mayoría baldados para la labor. Éxodo a la capital, cultivos abandonados, aceñas en ruinas... Más hoy, milagros de la aldea global, se ha duplicado el censo (76), se han rehabilitado a maravilla viejas casas de lajas de pizarra y huecos con cercos de madera, se han recuperado para el senderismo los antiguos caminos, y el molino Nuevo, que estaba hecho cisco, se ha remozado por completo. Así se está resucitando uno de los paisajes rurales más gloriosos de la región.

La senda de Molino a Molino, que así se llama, coincide en principio con el camino que se seguía antaño para ir de La Hiruela al vecino pueblo de El Cardoso, ya en Guadalajara. Y es una angosta calleja que nace detrás de la iglesia, a la izquierda de unos grandes nogales, y que discurre casi llana entre cercas de piedra, melojos, saúcos y cerezos silvestres. Muy pronto la senda obliga a franquear una portilla, sigue luego por un tramo empedrado hasta el arroyo de la Umbría, que se cruza poco más abajo, y desciende suavemente por un bosque salpicado de enormes robles hacia el puente de madera sobre el Jarama, al cual se llega tras media hora de paseo.

De seguir el camino viejo allende el puente, alcanzaríamos en un periquete la ermita de San Roque y El Cardoso. Pero la senda molinera continúa, en rigor, río abajo, por la orilla derecha del Jarama, por una vereda de pescadores que surca verdes ribas, robledillos y saucedas: los más bellos sotos de Madrid. En un amplio prado, reconoceremos los restos del molino de Juan Bravo, del que sólo quedan unas paredillas. Después toca cambiar de margen por una pontecilla de cemento; y más tarde, tras pasar una valla y un pedregoso ribazo, volver a la orilla derecha por otro puente que se ofrece junto al molino Nuevo. Rodeada por una idílica alameda, esta aceña ofrece la oportunidad casi única de contemplar en Madrid el proceso tradicional de la molienda, desde que el agua se desvía por el largo caz hasta que se reintrega al Jarama, pasando por la alberca donde se almacena y el edificio donde giran dos piedras movidas por sendas ruedas hidráulicas que hay en el sótano, visibles a través de unas aberturas acristaladas.

A modo de curiosidad histórica, diremos que los molinos, en estas aldeas de la sierra del Rincón, solían pertenecer al concejo, el cual se lo arrendaba a un molinero que, como recoge un contrato de 1806 de Puebla de la Sierra, se comprometía a “llevar y traer el grano de los vecinos... y maquilar [cobrar] de cada fanega medio celemín de trigo o centeno de la clase que sea... y dar y pagar a la dicha villa cada mes su rateo de... catorce fanegas de centeno y tres medias de trigo, que estas las a de dar para el día de letanías...; con la condición de que a de acer vuena arina y de vuena condición”. Desde aquí, sólo resta cruzar el cercano arroyo de la Fuentecilla para trepar a la carretera de La Hiruela a El Cardoso, subir por el asfalto 200 metros y tirar a la derecha por una senda que, salvando de nuevo el regato, pasa ante la capillita de la Virgen de Lourdes y zigzaguea por entre los huertos y las casas, ya, de La Hiruela.
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