RUTA nº 133 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 2 Distancia desde Madrid: 92 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  DEHESA DE SOMOSIERRA
LA BONITA DEL NORTE
Robles, abedules, mostajos, acebos y avellanos forman una selva ignota en el lejano septentrión de Madrid

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el pueblo de Somosierra está bien comunicado por la carretera de Burgos (N-I). La empresa Continental Auto (tel.: 91-314 5755) ofrece varios servicios diarios de autobús desde la capital
sirvan además, para los legos, estas pocas señas: el acebo tiene las hojas pinchudas y lustrosas; el roble, lobuladas; el mostajo, blanquecinas por el envés; el avellano –que es de porte arbustivo–, acorazonadas; y el abedul, por último, se distingue a la legua por su tronco plateado. En verano ofrece el aliciente de la abundante sombra y en otoño el colorido del follaje y la posibilidad de recolectar avellanas, moras...
Antonio López Lillo y Francisco Javier Cantero Desmartines son los autores de 'Árboles singulares de Madrid', catálogo editado por la Comunidad de Madrid en el que se describen los especímenes más notables de la dehesa de Somosierra
mapa 'Sierras de Ayllón y Ocejón', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91 534 3257); en su defecto, hoja 19-18 (Prádena) del Servicio Geográfico del Ejército o la 458 del Instituto Geográfico Nacional

Los hábitos del turismo no son nada fiables, entre otras cosas porque los turistas visitan a manadas aquello que se encarece en las guías para turistas, las cuales suelen ser reimpresiones morosas de guías cuyos autores copiaron a su vez de otras guías y, así, tirando de papel de calco, hasta llegar a las 'Relaciones' de Felipe II. Nada debe extrañarnos, pues, que en las docenas de volúmenes que sobre el paisaje y el paisanaje madrileños se han escrito durante las últimas décadas, no se diga ni mu de la dehesa de Somosierra, y que en cambio haya lista de espera para visitar, allí al lado, el tan cacareado, pero no más bello, hayedo de Montejo. Como dijo Borges: “El consenso no significa nada, puede ser el consenso del error”. Un kilómetro al sur del pueblo de Somosierra, en la umbría del cerro de la Cebollera Nueva, al húmedo arrimo del arroyo de la Dehesa, crecen más robles albares, abedules, mostajos, acebos y avellanos de los que pueden verse juntos en ningún otro paraje de la sierra. La 'Dehesa Bonita' la llaman los cuatro gatos que la conocen, esto es: los ciento y pico lugareños más un puñado de ingenieros y guardas forestales.

Paseando por esta magnífica floresta –que por momentos recuerda las sobrecogedoras masas nemorales de la cordillera Cantábrica–, en una soledad perfecta, hemos visto yeguas blancas sesteando en el corazón de un rodal de acebos, frío y obscuro como una cripta; hemos deambulado bajo las bóvedas de crucería que fingen las ramas entrelazadas de miles de avellanos, y hemos admirado los troncos plateados de los abedules deslizándose hacia el sol por entre los brazos hercúleos de los robles, cual espadas refulgentes e inasibles de alguna leyenda artúrica.

Para conocer esta selva secreta, mediante un itinerario circular de poco más de una hora, nos dirigiremos hacia Somosierra por la autovía del Norte y, desviándonos en la salida 91, continuaremos casi un kilómetro por la vieja N-I para dejar el coche en un apartadero que cae a mano izquierda, a la vista ya del pueblo; ahora a pie, volveremos por la carretera hasta la misma salida de la autovía, donde abandonaremos el asfalto por una portilla habilitada en la alambrada del arcén, siguiendo a continuación las rodadas que suben por la máxima pendiente hasta la cancela que da acceso a la dehesa. Quizá sea éste el momento de recordar que estamos a punto de ingresar en una dehesa boyal; es decir, en una finca acotada –de ahí le viene el nombre, del latín tardío 'defensa'–, destinada durante siglos y hasta hace no mucho al pasto de los ganados vacunos de tiro o de labranza, fundamentalmente bueyes –de ahí, el adjetivo–; una propiedad del común, inalienable e inembargable, que por eso mismo se ha mantenido intacta, conservándose en su interior una variadísima silva que poco tiene que ver con los monótonos pinares de repoblación que tapizan las laderas altas de la Somosierra.

Una vez rebasada la cancela, que cerraremos a nuestro paso para evitar fugas de reses, el camino zigzaguea entre árboles monumentales –hay catalogado un acebo, por ejemplo, de más de cinco metros de perímetro en la base del tronco– hasta llegar a la Fuentefría. Esta fontana vierte su gélida linfa a un doble abrevadero, que a su vez desagua en el arroyo de la Dehesa en medio de un ameno verdinal, alrededor del cual se congregan abedules de lo más lozano.

El regreso lo efectuaremos siguiendo este arroyo aguas abajo, cuidando de no embarrancarnos y buscando para ello en lo posible las sendas de vacas que se adivinan en la margen derecha, hasta que nos topemos con un camino carretero que va a salir de nuevo a la vieja carretera nacional, justo frente al apartadero donde dejamos el vehículo. ¿Nos creerá el lector si le decimos que este último trecho, entre densos avellanares y robles wagnerianos, es el más bonito que hemos recorrido nunca en nuestros años de andanzas por la sierra? 'Dehesa Bonita' la llaman, y no es vana lisonja.

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