RUTA nº 012 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 3 Distancia desde Madrid: 52 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  CAMINO DE LAS VENTAS
TERRITORIO BRAVO
Esta cañada, que va de El Escorial a Villalba, surca una vasta dehesa cuajada de toros, fresnos e historia

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el cámping El Escorial, punto de partida de esta ruta, tiene su acceso más rápido por la autovía del Noroeste (A-6), desviándose hacia El Escorial pasado el kilómetro 47 y siguiendo 3,5 kilómetros por la M-600 atentos a las señales. Si no se desea hacer el paseo de ida y vuelta, se puede ir en autobús hasta la parada del cámping (empresa Herranz, salidas desde Moncloa; tel.: 91-890 4100) y regresar a Madrid en Cercanías desde el apeadero de Los Negrales (Renfe, tel.: 902 24 0202), a 1 kilómetro del puente del Herreño
Ruta apta para hacer en bicicleta
Bernard Datcharry y Valeria H. Mardones proponen una variante más larga, desde Zarzalejo, en 52 excursiones en bicicleta alrededor de Madrid (El País Aguilar); véase itinerario 29. También pensando en ciclistas, se recoge esta ruta en la guía El Escorial, sus montes y alrededores editada por la Comunidad de Madrid
mapa excursionista 'Sierra de Guadarrama', a escala 1:50.000, de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38) u hoja 18-21 (San Lorenzo de El Escorial) del Servicio Geográfico del Ejército o 533 del Instituto Geográfico Nacional

Hacia 1590, el duque de Maqueda, que era el señor de Campillo y Monesterio, viose urgido a venderle a Felipe II ambas villas, con todos sus montes y labradíos, para que el rey pudiera redondear un fabuloso coto en torno al flamante monasterio de San Lorenzo. Como las más de 300 familias que en ellas vivían no se podían cazar, tuvieron que emigrar. Tres siglos después, tras la revolución de 1868, estas tierras volverían a manos de particulares, mas ahora como fincas morrocotudas consagradas al ganado bravo. Hoy, Campillo y Monesterio son apenas dos nombres junto al camino que va de El Escorial a Villalba entre dehesas pobladas de fresnos, encinas y toros negros como las Parcas y el corazón de los poderosos que tejen y destejen a su capricho el destino de los pueblos.

Nadie ha sabido decirnos por qué se le llama Camino de las Ventas del Escorial –así rezan los letreros callejeros por la parte de Villalba–. Cordel de ganados era y es, eso seguro, que une a guisa de 'by-pass' la Cañada Real Leonesa, a su paso por El Escorial, con la Segoviana, que corre por Villalba.

Sea lo que fuere, es un camino llano, hacedero y muy vistoso tras las primeras lluvias del otoño, cuando las grandes praderas reverdecen, los fresnos amarillean –como si palidecieran ante la perspectiva de ser nuevamente desmochados para servir de alimento al ganado en invierno– y las encinas inmarcesibles, podadas sus copas en parasol por el incesante ramoneo de las reses, exhiben ya la oronda y dulce glande marrón.

Aprovechando este glorioso momento, vamos a llegarnos al cámping El Escorial –véase en la guía dónde está– para echarnos a andar por la pista de tierra que rodea sus instalaciones por la izquierda. En breve, avistaremos a naciente, despuntando sobre la arboleda, la soberbia torre-fortaleza y la iglesia de la finca El Campillo, restos del pueblo homónimo que datan, en ambos casos, del siglo XIV. Rebasado el cámping, el viejo cordel sigue, sin pérdida posible, delimitado por alambradas y añejas cercas de piedra que sólo se abren de tarde en tarde para franquear el acceso a enormes predios –como el cortijo Wellington–, con su hierro pintado por doquier, su obscura manada en lontananza y el necesario tentadero. Vivo contraste depara la horizontalidad geométrica de la dehesa con la aspereza geológica de los montes que abollan el horizonte por el septentrión: desde el Abantos, que vamos dejando a nuestras espaldas, hasta la Maliciosa, que se empina puntiaguda al noreste.

Nuestro camino, por el que asoma a trechos el antiguo empedrado, nos hará pasar en cosa de una hora sobre el arroyo Guatel Primero, remansado allí mismo en un precioso embalse. Y en otra media hora, junto a las exiguas ruinas de Monesterio: tan sólo una casona de dos plantas y un solitario portalón con arco de medio punto. Dice la leyenda que en lo baños que aquí hubo 'fizo' el rey don Rodrigo un nidito para la Cava. Dice la historia, en cambio, que primero fue monasterio mozárabe –de ahí, su nombre–; luego casa de descanso de la 'Católica' en sus jornadas por la balbuciente España; más tarde –como ya vimos–, solar de un pueblo sin suerte; y, por último, pabellón de caza de Felipe II. Ahora sólo viven, encaramadas en las chimeneas, varias parejas de cigüeñas blancas.

Poco más adelante, la dehesa arbolada da paso a prados mondos, y éstos, a su vez, a parcelas urbanizadas con gusto desigual, tirando a malo. La vía pecuaria por la que veníamos andando desemboca en la carretera de Galapagar a Guadarrama, justo donde el río que ha dado nombre a la sierra enhebra el puente del Herreño. Y es una lástima que esta obra del siglo XVIII, con sus tres arcos carpaneles y tajamares de sección ojival, se encuentre hoy acogotada por el asfalto, las zarzas y los chalés... Antaño arrasaba el rey, hogaño los ciudadanos: progreso lo llaman. Definitivamente, la historia es como un toro, que diría Jesulín. Como un toro resabiado.

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