RUTA nº 269 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 3 Distancia desde Madrid: 58 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  CHORRERA DEL HORNILLO
SALTO AL PASADO
Una cascada de diez metros adorna este afluente del rio de la Aceña, en Santa María de la Alameda

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el puente de la Aceña se halla en el término madrileño de Santa Maria de la Alameda y se va por la carretera Las Rozas- Avila (M-505) hacia El Escorial, el puerto de la Cruz Verde y el alto de la Cereda, donde se ha de tomar la desviacion a Robledondo. Cuatro kilómetros más adelante de esta población se encuentra el puente donde confluye el arroyo del Hornillo con el rio de la Aceña, principio de esta excursión
pistas y senderos
José Murillo, Juan Pedro Pérez y Nicolás P. Rodríguez son los autores de Naturaleza y senderismo, en la sierra de Guadarrama, guía editada por el club de montañismo Tierra de Fuego (calle del Pez, 21; teléfono 91 521 5240), en la que se dedica un capítulo al río de la Aceña y se describe cumplidamente cómo llegar hasta la chorrera del Hornillo
mapa excursionista 'Sierra de Guadarrama', editado por La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; teléfono 91 534 3257) u hoja 17-21 (Las Navas del Marqués) del Servicio Geográfico del Ejército

El arroyo del Hornillo es tributario del río de la Aceña, que a su vez lo es del Cofio, que lo es del Alberche, que lo es del Tajo. El caso es que este humilde contribuyente, nada más nacer en la umbría del Barranco de la Cabeza, muy cerca del puerto escurialense de San Juan de Malagón, riega una bucólica pradería, endulza un pinar, se adorna con una cascada de diez metros de altura y, confirmando lo dicho por Gracián sobre la bondad de lo breve, muere cuando aún no ha cumplido ni cinco kilómetros de curso junto al puente de la Aceña, donde el río del mismo nombre es cruzado por la carretera que va de Robledondo a Santa María de la Alameda.

Al puente de la Aceña nos acercamos con harto recelo, porque éste es uno de esos lugares de Madrid que gozan del cariño matador de las gentes que rara vez salen al campo y que, cuando lo hacen, se concentran como para festejarlo. Tal amor no es reciente. Ya hace más de medio siglo, se instalaba todos los fines de semana en este paraje serrano el Mississippi, un chiringuito móvil acarreado por un taxi negro, que posteriormente evolucionó a fijo, y en el que hasta bien entrados los años 80 se servían bebidas y se asaba lo que traían los domingueros, los cuales llegaban a reunir aquí –según testigos presenciales– hasta media docena de autocares.

A Dios gracias, el taxista, o lo que fuera, prosperó y hoy regenta un mesón en Santa María de la Alameda. Y aunque las inmediaciones del puente siguen oliendo a muchedumbre, con sus mesas, sus alambradas e incluso su piscina improvisada en la desembocadura del arroyo, el aparcamiento sólo registra esta mañana la presencia de un coche madrugador. También lo dijo Gracián: “Lo malo, si poco, no tan malo”. De modo que, felicitándonos como si estuviéramos de santo, nos echamos a andar por la pista forestal cerrada con barrera que nace en el propio estacionamiento y que sube junto al arroyo del Hornillo culebreando por el riente pinar.

A unos diez minutos del inicio, cruzamos el arroyo por un puente y dejamos la pista –que gira bruscamente a la derecha– para continuar aguas arriba por un sendero que no se aparta apenas del cauce. En breve, llegamos al rincón donde el Hornillo se escurre por una llambria casi vertical de gneis, a modo de tobogán, formando una airosa cola de caballo.

La chorrera tiene esa propiedad estupefaciente de todas las cascadas, que transporta al arrobado contemplador a las edades elementales del agua, la piedra y el fuego, y de no ser por una bolsa de kikos que decora una retama, nadie diría que nos hallamos a sólo un kilómetro de un área de picnic.

Tampoco diría nadie que por aquí merodearon los lobos hasta los años 50, pero así es. Hasta estas soledades de Santa María tuvo que venir a darles caza en varias ocasiones, desde el vecino pueblo abulense de Peguerinos, Marcelino Soriano Muñoz, alias 'Garrones', que fue Lobero Mayor del Reino hasta 1968, en que falleció. Sólo tres lustros antes, en 1952, había hecho lo propio el último lobo de la sierra de Guadarrama, entonces 'Enemigo Mayor del Reino'.

Comoquiera que un kilómetro de camino nos sabe a poco, proseguimos arroyo arriba, por el mismo sendero que traíamos, hasta llegar al final del pinar. Allí cruzamos el Hornillo por última vez y, trepando hacia la izquierda por la cerca de unos prados medio abandonados, alcanzamos, cumplida una hora de marcha, el verde collado de 1.380 metros de altura que separa y señorea los valles del arroyo del Hornillo y del río de la Aceña. En lontananza, espejándose en el embalse de la Aceña, vemos el caserío de Peguerinos.

Hacia el pelado valle de la Aceña bajamos decididamente por una pina senda que apunta hacia una casilla blanca, antiguo medidor de escorrentía de aguas. Junto a la casilla, hay una granja de techumbre metálica y un puente por el que salimos a una amplia pista que desciende bordeando el río de la Aceña hasta el punto de partida.

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