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| RUTA nº 407 |
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| DEHESA DE NAVALQUEJIGO | |||||||||
| UN BOSQUE DE ALTOS VUELOS |
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Es la voz de la imperial ibérica, una de las águilas más amenazadas del mundo –187 parejas, todas en España–, la cual tiene en los bosques de la sierra oeste madrileña uno de sus contados refugios. Bosques como la dehesa de Navalquejigo, que extiende su manto de encinas y enebros al suroeste de Fresnedillas, con aquí y allá verdes claros abiertos por la secular actividad ganadera, calveros fragantes a tomillo y a cantueso donde el conejo, si lo sorprende el águila, está perdido. Tal es el escenario por el que hoy vamos a pasear, gozando de una soledad –pues casi nadie lo conoce– sólo comparable a la de aquellos primeros hombres en el Mar de la Tranquilidad. Nuestra andadura comenzará saliendo de Fresnedillas por la carretera de Colmenar del Arroyo, para doblar a los 500 metros por la vía asfaltada que sube al alto de la Cabezuela –hay una señal, puesta allí por el restaurante del mismo nombre– y desviarnos acto seguido por la primera pista de tierra a mano izquierda. Por este camino, llamado del Pinar de Navahonda, nos adentraremos en las suaves lomas que rodean Fresnedillas, un pueblo que, aunque ya no lo veamos, todavía lo sentiremos cerca, pues los viejos prados donde pastan las vacas se Muy pronto, sin embargo, la naturaleza brava impondrá su dominio, obligando a la pista a abrirse paso, como por un túnel, entre los encinares de la dehesa de Navalquejigo. Allí donde la espesura cede un poco, veremos grupitos de esbeltos pinos resineros, testigos quizá de algún viejo aprovechamiento forestal; y donde corre el agua, bosquetes de ribera que recuerdan el paso de las estaciones entre tanto perenne verdor. Buen ejemplo de ello es la preciosa fresneda que borda el arroyo de la Chorrera, curso que cruzaremos por un puente a 45 minutos del inicio y unos 300 metros antes de que se presente la primera y única bifurcación del recorrido. Por el ramal de la izquierda, en media hora más, alcanzaremos un collado situado entre el alto del Pinar y el del Mirador, este último un peñón granítico de 903 metros de altitud que, haciendo bueno su nombre, domina un panorama admirable, señoreado al norte por la riscosa Almenara, los montes escurialenses y las nieves del Guadarrama. Más cerca, en el valle que cae a naciente, descuellan las antenas de la vieja estación de Fresnedillas; mientras que, a poniente, en la depresión de Navahonda, lo hacen las parabólicas de la de Robledo de Chavela –construida también por la NASA en 1964–, que últimamente apuntan mucho hacia Marte. Superado el portacho, la pista nos obligará a bajar por la umbría del alto del Pinar, encarando la Almenara, y luego subir a la derecha para llegar de nuevo a la bifurcación de marras, tras dos horas y cuarto de marcha. Sólo nos quedará, para completar esta ruta de tres horas, regresar a Fresnedillas por el camino ya conocido que atraviesa, como por un túnel, la frondosa dehesa de Navalquejigo. Quizá no veamos al águila imperial, pero nos bastará sentir su lejana voz, similar a un ladrido, para entender –y esto ya es mucho– la estupidez de un mundo que busca señales de vida en otros planetas, mientras desoye los gritos de socorro del suyo: 'auc-auc-auc'. |
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