RUTA nº 019 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 4 Distancia desde Madrid: 70 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  DEHESA DE BREA DE TAJO
EL MONTE ORIGINAL
Grandes encinas y quejigos forman un bosque bellísimo, reliquia del que pobló antaño el sureste de Madrid

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a Brea de Tajo iremos por la carretera de Valencia (N-III), saliéndonos nada más pasar Perales del Tajuña por el desvío señalizado hacia Tielmes (M-204) y siguiendo hasta Orusco para tomar por la M-229 hacia Brea. Dos kilómetros antes de llegar al pueblo, en la desviación a Valdaracete, nace el camino de la dehesa. Hay autobuses a Brea de la empresa Ruiz (tel.: 91-468 0850), con salida de la ronda de Atocha, nº 12
Ruta apta para hacer en bicicletapara hacer a pie o en bici en otoño, entre aradas recientes y quegijos que amarillean. pista de tierra con mojones con una banda roja y vía pecuaria
Enrique López Galán y Ana María Rico han coordinado la guía 'Rutas por la cañada real Soriana Oriental', editada por la Comunidad de Madrid, cuyo itinerario nº 1 –Campiñas de Brea– está balizado y coincide en parte con el camino propuesto. Véase también 'La cañada real Soriana a su paso por Madrid', de Hilario Villalvilla y Jesús Sánchez-Corriendo (Los Libros de la Catarata)
para evitar despistes por la parte no señalizada de este itinerario, conviene llevar la hoja 21-23 (Mondéjar) del Servicio Geográfico del Ejército ó 584 del Instituto Geográfico Nacional

Habíamos oído maravillas de la dehesa de Brea de Tajo. No ignorábamos que figuraba en el catálogo madrileño de espacios naturales de interés. Y en algún lugar habíamos leído que se trataba del último bosque virgen del sureste de la región. Mas también sabíamos que, sobre el papel, el mediodía madrileño está lleno de espacios naturales interesantísimos que luego, sobre el terreno, son eriales infestados de ríos fétidos, vertederos, graveras, polígonos industriales..., donde puede que habiten la avutarda y la primilla –allá ellas–, pero donde nadie en su sano juicio pasaría un domingo si no es huyendo de la Guardia Civil. Sinceramente, no esperábamos este milagro.

El milagro a que nos referimos puede verificarse acercándose a Brea en coche desde Orusco. De este pueblo de la vega del Tajuña sale una carreterilla –la M-229, una sinuosa vecinal de cuatro metros de anchura, sólo frecuentada por tractores y acémilas– que, al poco de cruzar el río, corta una esquina de la provincia de Guadalajara y remonta el arroyo de Valdeolmeña, entre choperas doradas, para colarse de nuevo en la de Madrid por una alcarria salpicada de olivares geométricos y campos de cereales. Tras una curva como hay tantas, se obra el prodigio de la dehesa de Brea de Tajo, presentándose de sopetón a manderecha las colosales encinas y quejigos que –no nos pregunten cómo– han sobrevido durante siglos a la atávica tradición arboricida del agro castellano.

Pasado el hito del kilómetro 33, justo donde se desvía a la diestra la carretera de Valdaracete formando ángulo recto con la nuestra, surge a modo de bisectriz la pista de tierra por la que vamos a pasear rodeando este bosque secular en el sentido de las agujas del reloj. Mojones blancos con una franja roja jalonan el camino correcto, que inicialmente discurre entre monótonos olivares; así, hasta llegar en media hora larga –dos kilómetros y medio– a un nítido cruce con otra pista señalizada con cartel de vía pecuaria. Se trata de la cañada real Soriana Oriental, la vieja vía que seguían los rebaños de la Mesta en su trashumar desde los veranaderos de las tierras de Yanguas (Soria) hasta los invernaderos del valle de Alcudia (Ciudad Real) y Andalucía.

Por ella tiraremos hacia la derecha, con rumbo norte, guiados por las señales de vía pecuaria y los mojones hasta alcanzar, en otro tanto, el pozo de la Yusera, muy curioso él, con su brocal de piedra caliza y una bañera adosada a guisa de abrevadero. Antes habremos avistado a escasa distancia, en la linde del bosque, las ruinas de una cabaña merinera: un chozo circular de poco más de dos metros de diámetro que, para los pastores, hechos a dormir al raso, era todo un parador de turismo. En el pozo de la Yusera, dejaremos la cañada y todas las señales para adentrarnos por el camino de la derecha en la dehesa de Brea, más conocida en el término como El Robledal, un nombre un tanto equívoco pero que tiene explicación. Y es que, entre la masa de encinas ('Quercus ilex'), descuellan numerosos quejigos o robles carrasqueños ('Quercus faginea'), cuyas afinidades con los verdaderos robles son notables: agallas, hojas marcescentes...

Aquí, junto a zonas de intacta espesura, veremos soberbios ejemplares de una y otra especie diseminados por labrantíos que tienen algo de jardín japonés cuando están recién arados; de campo de golf cuando verdean, y de abigarrado 'van gogh' cuando se cuajan de espigas y girasoles. El camino que venimos siguiendo desde el pozo de la Yusera entronca enseguida con una pista ancha y buena, que tomaremos de nuevo hacia la derecha para llegar al rato junto a un hermoso caserío que se alza en el centro de la dehesa. Rodeándolo por la izquierda, la pista desciende rauda hacia la carretera de Orusco a Brea de Tajo, en la que va a dar entre los kilómetros 31 y 32, a tan sólo uno y medio del inicio de esta jornada grata, preciosa, milagrosa.

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