RUTA nº 069 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 6 Distancia desde Madrid: 55 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  EL PINO DE LA CADENA
A SU QUERIDA MEMORIA
Este monumento vivo al amor filial se alza en el camino de la pradera de las Cortes al Ventorrillo (Cercedilla)

         Imprimir esta página

el embalse de Navalmedio tiene acceso yendo por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Villalba, para seguir por la M-601 hacia el puerto de Navacerrada y desviarse a la izquierda en el kilómetro 12,700, junto a La Fonda Real. También se puede subir caminando en media hora desde Cercedilla por la prolongación de la avenida de Manuel González de Amezúa –la calle del polideportivo–. A Cercedilla llevan los autobuses de Larrea (tel.: 91-530 4800) y los trenes de Cercanías (tel.: 902 24 0202)
pista de tierra
ideal para verano por discurrir a la sombra del pinar y junto al río Navalmedio, que puede ser un plan perfecto para salir con niños
Francisco Javier Cantero Desmartines y Antonio López Lillo son los autores de Arboles singulares de Madrid, inventario arbóreo de la Comunidad de Madrid – editado por la misma en 1995 – en el que se incluyen más datos sobre el pino de la Cadena
aunque es casi imposible perderse en esta zona, no está de más llevar la hoja 18-20 (Cercedilla) del Servicio Geográfico del Ejército, o el mapa 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde
El Montón de Trigo (Cercedilla; tels.: 918 521 509 y 655 977 893): nos gustan los propietarios, Ramón y Tere, y nos gustan los huevos estrellados, las alitas y las raclettes; precio medio-bajo. La Herrería (Cercedilla tel.: 918 520 707; www.laherreria.es): cocina con acento italo-argentino; excelente, la entraña a la parrilla; precio medio. La Fragua (Cercedilla; tel.: 620 925 523): pequeño bar con buen ambiente y ricas tostas; precio bajo. Casona de Navalmedio (Cercedilla; tel.: 918 521 351; www.casonadenavalmedio.com): hotel rural junto al embalse de Navalmedio, con vistas espectaculares; precio medio-alto.

En el verano de 1924, el empresario Nicolás María Urgoiti –creador de La Papelera Española, del diario El Sol y de la editorial Calpe, entre otras muchas cosas– estaba pasando unos días en la casa que tenía en el paraje de El Ventorrillo (Cercedilla), al lado del albergue del Club Alpino Español, cuando vinieron a avisarle de la muerte de su padre. Hombre metódico, este señor tenía, entre otras costumbres, la de pasearse todas las mañanas por el camino de la pradera de las Cortes y la de demorarse, a cierta altura del mismo, leyendo recostado en un pino de su gusto: el regente del albergue, Isidro Jiménez, sabía que lo encontraría allí. Isidro, que fue el mensajero de la mala nueva, le contó este sucedido a su hijo Cipriano, quien a su vez, ya septuagenario, nos lo refirió a nosotros.

Al destino, como observaba Borges, le agradan las simetrías. Aquel pino albar, precisamente aquel en que Urgoiti estaba apoyado la mañana de la triste noticia, acababa de ser señalado para el corte. Urgoiti, a pesar de su dolor, reparó en esa siniestra alianza de hachas y guadañas y no la quiso permitir: localizó al maderista, le compró el ejemplar y dispuso que se le ciñera la base del tronco con una gruesa cadena de cuyos eslabones pendieran, mientras el árbol viviese, las letras de un escueto epitafio: "A su querida memoria, 1840-1924". ¡Qué antiguo misterio es la sociedad de los árboles y los muertos! ¿Será preciso decir que le estaba dedicando a su padre algo más que un símbolo de larga vida: un árbol concreto, un ser vivo con su savia, su simiente, su ansia de sol y su carne de madera tremando en los días de ventisca y las noches de lobos; con su sombra, su vereda, sus hermanos, su río Navalmedio y su sierra de Guadarrama?

Mucho ha llovido y nevado desde entonces en El Ventorrillo. Ya no es aquel lugar agreste y remoto al que los primeros esquiadores subían a patinar (así decían ellos) caminando desde la estación de Cercedilla por el atajo del Calvario. El refugio que construyó en 1907 Manuel González de Amezúa –y que amplió en 1909, al poco de fundar el Club Alpino Español– fue demolido tras la Guerra Civil. Residencias bancarias, cocheras de máquinas quitanieves y otros edificios salpican hoy esta ajetreada curva de la carretera del puerto de Navacerrada. Nada en ella recuerda a Urgoiti. Ni siquiera su casa, escondida en el pinar, luce ya el letrero Nicotoki (el lugar de Nico, en vasco). Pero no muy lejos, a la vera del camino que baja a la pradera de las Cortes, el pino de la Cadena sigue hablando con palabras de hierro a los paseantes y a los guardas forestales que, cada cierto tiempo, abren el candado y lo pasan por el siguiente eslabón para evitar que el árbol se estrangule.

En vez de acercarnos al pino de la Cadena bajando desde el Ventorrillo, que ahora es un sitio de mucho tráfago y poco carácter, vamos a hacerlo remontando el valle desde la presa de Navalmedio, a donde nos llegaremos en coche por la carreterilla que se desvía a la izquierda de la M-601 (Villalba-puerto de Navacerrada) junto al restaurante La Fonda Real. Tras recorrer dos kilómetros, aparcaremos junto a la valla que rodea el embalse y nos echaremos a andar por la pista de tierra que nace allí mismo, a mano derecha, tras una barrera verde que impide el paso de vehículos.

Ascendiendo siempre por el frondoso pinar, el camino cruza enseguida el río Navalmedio, bordea luego una serie de praderas –la mayor de todas, la de las Cortes, en la que yacen las ruinas de un campamento juvenil– y, tras salvar de nuevo la corriente, vira bruscamente a la derecha para llegar a la altura del pino como a tres cuartos de hora del inicio. A sus 175 años, no está ciertamente en la flor de la vida. De hecho, algunas de sus ramas están secas y diríase que lo único que aún lo ata a este mundo es la cadena que abraza amorosamente su tronco de cuatro metros de circunferencia, doble símbolo de amor filial y de amor a la naturaleza.

En la siguiente bifurcación de la pista, tomaremos por el ramal de la derecha –el de la izquierda nos llevaría al puerto de Navacerrada–, que discurre llano hasta el Ventorrillo. Entre el garaje de las máquinas quitanieves y la antigua casilla del Icona, nace un camino que, tras franquear un rústico portillo de alambre y bances de madera, desciende derecho hacia el embalse de Navalmedio. Es el viejo atajo del Calvario, casi tan viejo como el pino de la Cadena.

.