RUTA nº 237 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 6 Distancia desde Madrid: 51 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  DE MIRAFLORES A MANZANARES
LAS EDADES DE LA SIERRA
Viejas estaciones, dehesas y pinturas rupestres jalonan esta caminata por el sendero de gran recorrido GR-10

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a la estación de Miraflores de la Sierra se va por la carretera de Colmenar (M-607), luego por la M-609 a Soto del Real y finalmente por la M-611 hasta Miraflores, donde hay indicaciones hacia la estación. Lo que no hay es trenes de pasajeros. Para ahorrarse el camino de vuelta, cabe dejar previamente un vehículo cerca de la peña del Berrueco (km. 29,300 de la M-608, entre Manzanares y Soto), o bien hacer los trayectos Madrid-Miraflores y Manzanares-Madrid en autobús (tel.: 91-845 0051)
Ruta apta para hacer en bicicleta marcas blancas y rojas del GR-10
hoja 19-20 (Torrelaguna) del Servicio Geográfico del Ejército, o la 509 del Instituto Geográfico Nacional; mapa 'Sierra de Guadarrama', editado por la Tienda Verde

Los pies, para la mayoría de la gente, son unos apéndices atrofiados que la evolución ha ido acodando y encalleciendo para que podamos pisar a gusto el acelerador, el embrague y, si no queda otro remedio, el freno. Sólo una minoría no ignora que los pies -que no son tres, como de su uso habitual cabría inferir, sino dos-, apoyados en el suelo y movidos alternativamente, conducen a veces mucho más lejos que el propio automóvil al que sirven. Un ejemplo de este provechoso empleo alternativo se verá siguiendo a pie el sendero de gran recorrido GR-10 entre Miraflores y Manzanares.

En Miraflores hay una estación de tren en la que alientan versos de Vicente Aleixandre; entre Miraflores y Manzanares, dehesas de fresnos y robles melojos, una pradería hecha a la medida de las vacas durante siglos de aprovechamiento ganadero; y, llegando a Manzanares, un abrigo rocoso con pinturas que datan de entre los años 1.400 y 1.200 antes de Cristo. Esto es: el presente, el pasado y la prehistoria de la sierra, un trecho de más de 30 centurias que puede cubrirse, moviendo los piececitos, en tan sólo cuatro horas.

La estación de Miraflores, donde principia esta caminata, da pie -pie del otro, pie figurado- para recordar un poema olvidado de Aleixandre; se titula 'El ferrocarril' y fue escrito a mediados de siglo XX, cuando la línea Madrid-Burgos, cuyas obras habíanse comenzado en tiempos de Primo de Rivera, era aún una vía sin circulación, sin savia, sin vida. El poeta, asiduo veraneante en Miraflores, contempla con desazón aquel "edificio grande, / vacío. Vidrios quietos. Árboles silenciosos. / Tapias a los dos lados. Y tras ellas los carriles. / Son dos vías brillando bajo un sol de justicia, / puestas sobre la grava, y allí listas perdiéndose. / ¿Hacia dónde? Hacia nunca. Hacia jamás, sin nadie..." Curiosamente, este poema, que el autor excluyó de 'En un vasto dominio' (1962) ante la inminente inauguración del ferrocarril -acaecida por fin en 1968-, ahora se nos antoja profético, pues tres décadas después de entrar en servicio ya no para un solo tren de pasajeros en Miraflores, y la e stación inútil, transformada en restaurante, sigue evocando el ciego sino de los hombres: "El pueblo lejos oye correr un tren sin vida, / sin destino y sin bulto, y pasa y vuelve. E insiste. / Lleva a nadie y va a nunca. Nadie lo ha visto, y suena. / Y en las noches de niebla la campana retiñe / y alguno oye lejano: ... ¡Viajee...ros, al tree...n!"/

¡Viajeros, al GR-10!, oyen hoy los excursionistas mientras remontan la calzada adoquinada que sube de la estación al pueblo para, en un centenar de metros, desviarse a la izquierda siguiendo las señales de pintura blanca y roja que jalonan el sendero de gran recorrido; un sendero que rodea por abajo el empinado caserío de Miraflores, cruza la carretera de Guadalix y la de Soto del Real y enfila entre dehesas de fresnos y robles melojos hacia la Pedriza de Manzanares. Una capillita consagrada a San Blas, una residencia del Opus Dei y un picadero -a los que cada cual podrá rendir visita según sus aficiones- flanquean este camino que discurre al pie de la Najarra. Najarra o 'nahar', voz hebraica que significa "abundosa en aguas", aguas como las del arroyo del Mediano, que baja crecido y obliga a los excursionistas a vadearlo descalzos, remojando esos apéndices llenos de dedos a los que hemos dado en llamar pies.

Un kilómetro más adelante descuella el Berrueco, un monolito de 11 metros que se ha librado de milagro de las canteras circundantes. Igual que las pinturas rupestres de Los Aljibes. Baste decir que caen al oeste del cancho y que no se aconseja visitarlas por hallarse en una finca privada y porque, si uno no puede fiarse de lo que el hombre suele hacer con los pies, a saber qué es lo que haría de tener a mano estas 28 figuras antropomorfas de la Edad del Bronce. Camino abajo, los excursionistas salen a la carretera de Soto del Real a Manzanares, a media hora de esta última población. A pie, claro.

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