RUTA nº 385 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 6 Distancia desde Madrid: 57 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  CAMINO DE LOS CAMPAMENTOS
LA JUVENTUD DE LA SIERRA
Una visita al raso del Hornillo, en Cercedilla, donde miles de madrileños pasaron los veranos de su infancia

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Cercedilla tiene acceso yendo por la carretera de A Coruña (A-6) y la antigua N-VI hasta Guadarrama, para desviarse a la salida de este pueblo a la derecha por la M-622. No obstante, la forma más lógica y ecológica de acceder a la estación de Cercedilla, punto de partida de esta excursión, es en los trenes de la línea C-8b de Cercanías-Renfe (tel.: 902 24 0202)
pista forestal, con diversas marcas de pintura, pero ninguna que corresponda específicamente a esta ruta. Praderas, fuentes y pinares amenizan el paseo
el personal del centro de información Valle de la Fuenfría (carretera de las Dehesas, km. 2; tel.: 91-852 2213) ofrece gratuitamente mapas del valle y guías con croquis de otras rutas que pueden realizarse como alternativa o complemento de este itinerario
mapa excursionista 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel. 91-534 3257); en su defecto, hoja 18-20 (Cercedilla) del S.G.E.o la 508 del I.G.N.
muy recomendable para hacerlo con niños

En agosto de 1907, el general británico Robert Baden-Powell, que había desafiado a la muerte en media docena de conflictos coloniales, incluida la defensa de Mafeking contra los bóers, pasó una semana con 24 chavales de entre 11 y 14 años en la isla de Brownsea, frente al balneario de Poole, enseñándoles a sobrevivir en territorio enemigo. La experiencia, digna de un 'reality-show', tuvo un éxito contagioso y los bosques del mundo civilizado empezaron a llenarse de enanitos ataviados como policías surafricanos: los 'boy scouts'.

Muy pronto, en 1912, se constituyó la Asociación de Exploradores de España, con sede campal en el raso del Hornillo. Durante más de 20 veranos, un círculo de blancas tiendas de campaña orló esta gran pradera situada a 1.340 metros en la ladera oriental de la Peñota, donde los 'scouts' izaban bandera, cantaban himnos, encendían fogatas, sofocaban incendios...; en fin, todo lo que un grupo de adolescentes del mismo sexo podía hacer para sobrevivir en territorio enemigo –un campo minado de testosterona– sin ensuciar el noble invento del abuelito Robert, a la sazón retirado en Kenia.

Quizá porque no era un invento nacional, el movimiento 'scout' fue disuelto tras la guerra civil, pero su veta marcial –uniformes, cánticos, enseñas...– fue explotada hasta el agotamiento por el Frente de Juventudes y la OJE, y en el raso del Hornillo continuaron las acampadas hasta que los nuevos vientos de la democracia redujeron los barracones a sestiles, los obeliscos a rodrigones y la inscripción lapidaria (“Se sirve al caminar”, se lee en un monolito) al sinsentido de lo que puede interpretarse como una teoría maltusiana, como una oferta de empleo o como el aviso de un autoservicio.

Lo que no ha cambiado es el camino de los Campamentos, un paseo que hoy nos va a permitir subir desde la estación de Cercedilla hasta el raso del Hornillo, gozar de las vistas y adentrarnos en uno de los más bellos pinares del valle de la Fuenfría. Y es éste un paseo bien sencillo y descansado para todos, desde el abuelo nostálgico de aquellas acampadas hasta el mocito que no quiere, ni es razonable que sus padres le exijan, marchar como un legionario.

Partimos, pues, de la estación de Cercedilla (1.180 metros), y lo hacemos avanzando por el andén principal –dirección Segovia– hasta la boca del túnel, para tomar aquí a la derecha por una senda que trepa en cortos zigzags, entre plátanos y acacias, hasta desembocar en el camino de los Campamentos. Desde la Maliciosa hasta el valle de los Caídos: tal es el inmenso panorama que se nos va ofreciendo mientras subimos por esta ancha pista de tierra, cuando, casi sin darnos cuenta, nos plantamos en el raso del Hornillo (45 minutos).

Aunque son muchas las ruinas que salpican la pradera, tampoco estorban la vista. Al norte, sobre las umbrosas pinadas del valle de la Fuenfría, descuella Siete Picos; mientras que, al sur, se extiende una llanura sin límites que, según escribía en 1934 el jefe nacional de los Exploradores de España, “parece, bajo la aurora, Arcadia, bajo la paz de la tarde, Palestina, y a la noche, una inmensa bahía salpicada con las luces de posición de todos los trasatlánticos y los reflectores deslumbrantes de todas las escuadras del mundo”. La descripción es dulzona, como todo lo 'scout', pero muy plástica.

El camino, más llano a partir de aquí, corre por un túnel de pinos y frondosas (mostajos, chopos, fresnos...) hasta morir, un par de kilómetros después, en el hospital de la Fuenfría. Frente al aparcamiento de visitantes, nace una senda por la que bajamos en dos zancadas al centro de información Valle de la Fuenfría (una hora y media). Y luego, en media hora más, volvemos a la estación por la calzada peatonal que bordea la carretera, cruzándonos con excursiones de colegiales que suben bromeando con sus profesores, sin ceremonias ni uniformes, que es como Giner salía al campo con sus alumnos en 1883, un cuarto de siglo antes del experimento de Baden-Powell.

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