RUTA nº 398 RUTAS POR OTRAS PROVINCIAS Distancia desde Madrid: 220 Kms.
Castilla-La Mancha  LAGUNAS DE RUIDERA
LA MANCHA VERDE Y HÚMEDA
Cascadas, alamedas, carrizales y playas rebosantes de avifauna jalonan el curso alto del río Guadiana

         Imprimir esta página

Ruidera (provincia de Ciudad Real) tiene acceso yendo por la carretera de Andalucía (N-IV) y desviándose en Manzanares por la N-430 (dirección La Solana). Se puede aparcar en el cementerio; justo enfrente, al otro lado de la carretera, arranca la pista de tierra por la que hay que echarse a caminar
pista de tierra por la margen izquierda de las lagunas y carretera por la derecha. sin señales, ni hacen falta
Per Agrum Hispania (Avda. de Castilla-La Mancha, 28; Ruidera; tel.: 926-52 8104) desarrolla en las lagunas numerosas actividades: senderismo, paseos en barca, itinerarios ornitológicos y botánicos, fotografía... También se organizan rutas para grupos en el centro de información del parque natural (tel.: 926-52 8116)
hojas 21-31 y 22-31del S.G.E. o las 787 y 788 del I.G.N.
para comer prober en el Restaurante La Perdiz Roja (Ctra. N-430, 24; Ossa de Montiel; tel.: 967-37 7357): la perdiz (escabechada o con judías) es la reina de esta casa situada en pleno pueblo de Ossa, universalmente conocido por su riqueza cinegética. Además, hay galianos, cordero lechal, lomo de orza y buenos pescados y mariscos. Si lo comparamos con otros restaurantes de la zona, es hasta acogedor. Precio medio-alto. Dormir. Hotel Albamanjón (Laguna de San Pedro, 16; Ossa de Montiel; tel.: 926-69 9048; www.albamanjon.net): camino de la legendaria cueva de Montesinos, se alza este hotelito de 11 habitaciones escalonadas sobre la abrupta ribera, todas con chimenea, terraza y vistas a la laguna, y una de ellas, la suite, instalada en un molino manchego. Hay canoas, hidropedales, bicis de montaña y, para reponer las calorías así consumidas, excelente cocina manchega. Precio medio-alto

Ruidera, según la fama popular, tomó su nombre del fragor de las aguas del alto Guadiana precipitándose en cascada de laguna en laguna, que es la única 'ruidera' que durante siglos pudo sentirse en el silencio lunar de mitad de La Mancha. No hubo otra, por lo menos, hasta 1960, en que desembarcaron en estas playas las hordas del Seat 600 y la pelota de Nivea, instituyendo una bullanga veraniega en la que hoy participan hasta 45.000 personas al día, un ejército trapisondista que diríase salido de la agitada sesera de don Quijote, quien, por cierto, según se cuenta en la segunda parte de su famosa historia, capítulos XXII al XXIV, también visitó Ruidera.

Con las primeras brumas, sin embargo, estas 15 lagunas recuperan su soledad sonora y, entre cascada y cascada, no se oyen otras voces que el 'pe-ú' del aguilucho lagunero, el 'cuaaac-cuaac-cuac' del ánade real, el 'uuii-uu' del silbón, el 'furr-furr' de la hembra en celo del pato colorado, el 'carr-carr' de la señora del porrón moñuno, el 'graorr' del somormujo lavanco, el doble 'uit' del zampullín chico, el 'kraaj' de las garzas reales e imperiales y el gorjeo de placer del excursionista que se pasea sin tropezarse en todo el día con un solo bípedo implume, felicitándose de que el gentío desaparezca en otoño de la faz de La Mancha como el Guadiana en Argamasilla de Alba.

Aprovechando este momento, vamos a recorrer las seis lagunas que quedan al sur y más cerca del pueblo de Ruidera. Para ello seguiremos la pista de tierra que nace junto a la señal de inicio de población, a la derecha según se viene de Madrid, bordeando primero la laguna del Rey y luego la Colgada, que es la mayor de todas –tres kilómetros de largo por uno de máxima anchura– y tiene la particularidad de una isla unida por un puente de madera a la margen contraria. La isla, la arqueada pontezuela, las garzas y el añublo mañanero componen una suerte de paisaje chino, salvando las distancias y el hecho de que aquí se comen gachas en vez de rollitos de primavera.

En media hora, toparemos una portilla metálica que impide pasar a los vehículos, pero no así a nosotros, que continuaremos por la misma pista, avanzando entre el encinar del monte y los carrizales ribereños, para adentrarnos enseguida en la profunda desembocadura del arroyo o cañada de las Hazadillas. Allí, en medio de una gran alameda donde llueven hojas doradas a cántaros, perderemos de vista la laguna. No obstante, a una hora del inicio, o poco más, llegaremos al punto en que la pista traza una cerrada curva a la izquierda, junto a un desvío expresamente prohibido y una tinada de muros blanquísimos, para buscar de nuevo la orilla.

Sin apartarnos ya de las aguas, pasaremos a continuación junto a las lagunas Batana, Santos Morcillo y Salvadora, que no pueden parangonarse con la Colgada en tamaño, pero sí en belleza: la de sus frentes rocosos coronados de cascadas. Y así, tras dos horas largas de paseo, alcanzaremos otra portilla que se abre junto a la laguna La Lengua, la más hermosa, con sus cantiles de rubia y frágil roca tobácea asomados en voladizo sobre las aguas de color verde esmeralda. Si fuera verdad, como se lee en el 'Quijote', que las lagunas son las hijas y las sobrinas de una tal doña Ruidera, víctimas de un hechizo de Merlín, ésta debió de tener en su fase corpórea una de esas miradas que derriten al más frío de los hombres.

El regreso, en algo menos de dos horas, lo haremos cruzando la barrera tobácea que contiene las aguas de La Lengua y siguiendo la carreterilla que lleva a Ruidera por la margen contraria de las lagunas. Chalés, hoteles, campings y clubs náuticos afean esta orilla, pero también hay playas solitarias (fuera del verano, claro), ideales para zamparse el meollo nutricio del morral. Como postre, esta ruta nos ofrecerá la guinda de la cascada del Hundimiento. Originada por las riadas de 1545, esta espectacular caída de agua arma sin duda la mayor 'ruidera' de toda La Mancha. Para más contraste, está al lado del cementerio, que es puro silencio.

.