.
 
.
 
 
RUTA nº 076 PROVINCIA DE SEGOVIA Distancia desde Madrid: 77 Kms.
Castilla-León  PUERTO DE LOS NEVEROS
2.096 METROS BAJO CERO
Este paso recuerda los veranos en que La Granja se abastecía de hielo en los ventisqueros de Peñalara

         Imprimir esta página

a La Granja de San Ildefonso se va por la carretera de A Coruña (A-6), tomando en Villalba por la M-601 hasta el puerto de Navacerrada y luego por la CL-601 hacia Segovia. Una vez en el real sitio, hay que seguir las señales hacia el Centro Nacional del Vidrio, doblar por el paseo de Santa Isabel y continuar por el de la Puerta del Campo hasta la urbanización Caserío de Urgel, donde dejaremos el coche. Hay autobuses a La Granja de La Sepulvedana (tel.: 91-530 4800)
a lo largo del recorrido
Domingo Pliego es el autor de '100 excursiones por la sierra de Madrid', guía de Ediciones La Librería en la que se describe con mayor detalle esta ascensión. Véase tomo I, itinerario 16
salvo que se conozca bien el terreno, resulta imprescindible llevar el mapa 'Sierra Norte', a escala 1:50.000, editado por La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257), o la hoja 483-IV, a escala 1:25.000, del I.G.N.
Parador de La Granja (tel.: 921 010 750; www.parador.es): instalado en la casa que habitaban los infantes Gabriel y Antonio, hijos de Carlos III, y en el edificio que fue Cuartel General de la Guardia de Corps; en su restaurante, Puerta de la Reina, los reyes son los asados en horno de leña, tiernos por dentro y crujientes por fuera, y las finas truchas de Eresma; precio alto. La Hilaria (tel. 921 478 042; www.eljardindelahilaria.com): restaurante situado en Valsaín, donde tres generaciones llevan haciendo lo mismo –judiones de La Granja, cochinillo asado y ponche segoviano–, así que mal no les puede salir; el negocio familiar se completa con un centro de turismo rural con suites abuhardilladas, jardín y spa; el menú es de precio medio, y el alojamiento, medio-alto.

Será que nos estamos haciendo viejos o será que, como decía Bécquer, "es inherente a la naturaleza frágil del hombre simpatizar con lo que perece y volver los ojos con cierta triste complacencia hacia lo que ya no existe", pero últimamente, al desplegar un mapa para planear una excursión, nuestra mirada se posa con predilección en las sendas y lugares que frecuentaron hacheros, trajinantes, gabarreros, pastores, carboneros...; oficios andariegos que hoy andan tan al cabo -si no acabados- como una chota recién parida a la que hubiera pillado la nevasca en un raso. Tampoco es extraño que, en el rigor de agosto, hayamos reparado en el puerto de los Neveros.

Neveros eran aquellos serranos que, antes de inventarse el frigorífico, explotaban en verano las manchas persistentes de nieve (o ventisqueros) de las laderas altas del Guadarrama: un negocio caído del cielo, que alcanzó su auge en el siglo XIX, con la proliferación de cafés y botilleros en Madrid, Segovia y La Granja. A finales de mayo, cubrían los ventisqueros con estiércol, o con piorno, para resguardarlos del calor del sol, aunque a menudo sucedía que nevaba más tarde y les tocaba repetir la operación. Lo más sorprendente no era el método, ni que antaño nevara en junio, sino que de la nieve extraída en pleno estío, bien compactada y protegida con helechos, apenas se perdía una décima parte por fusión durante un viaje en carro que, si era a Madrid, se eternizaba cuatro días.

Por informes de la época, sabemos que en el siglo XIX se explotaban ocho ventisqueros en la sierra: el de la Estrada y los dos del Regajo del Pez, sitos en la cabecera de la Barranca de Navacerrada; el de la Condesa, en el nacimiento del Manzanares; el del Ratón y el del Algodón, en ambas vertientes de la Najarra; uno que había en la cara norte de las Guarramillas y otro a naciente de Peñalara, del cual se surtían Segovia y La Granja. De este último tomaría su nombre el puerto de los Neveros, que es la vía más directa para alcanzar la vertiente oriental de Peñalara desde el real sitio.

Para subir a este paso de tan refrescante memoria, vamos a acercarnos a la urbanización Caserío de Urgel, que no está en Lleida, como cabría inferir por su nombre, sino en La Granja, y más concretamente junto a la tapia nororiental de los jardines del palacio. Dejando la entrada de la colonia a mano izquierda, ascenderemos pegados a la muralla palaciega hasta alcanzar en 20 minutos su punto más elevado, conocido como el Esquinazo, y seguiremos por sendero llano para cruzar en otros cinco el arroyo del Morete. Allí se presenta una bifurcación, señalizada con letreros de madera, donde habremos de tomar el ramal que lleva al paraje de Dos Cabañas serpenteando por el precioso pinar del valle del arroyo Carneros.

Una vez en la explanada de Dos Cabañas -a una hora del inicio-, cruzaremos el arroyo Carneros y continuaremos de frente, rumbo sur, ascendiendo por una vaguadita que surca un regato. Atravesaremos luego un camino que viene de la silla del Rey y, siguiendo las indicaciones de los letreros hacia Peñalara, nos plantaremos una hora más tarde en el raso del Pino, pradera amena donde las haya. Otra hora más de trepa -y van tres- por senda pedregosa, marcada con círculos amarillos y flechas blancas, y estaremos ya en el puerto de los Neveros, a 2.096 metros de altura, dominando a vista de buitre los bosques de La Granja y el valle del Lozoya.

A un kilómetro escaso del puerto, caminando a manderecha por la cresta, descubriremos, acurrucada al pie del soberbio risco de los Claveles, la laguna de los Pájaros, hija de la nieves, perla de Peñalara, de la que dijo Enrique de Mesa -y así acabamos con otro poeta- que era "espejo el más alto y puro donde se copia la seda joyante del cielo castellano". Aquí podremos almorzar y sestear sobre el muelle césped, antes de bajar a La Granja por el mismo camino para tomarnos un granizado a la salud de los viejos neveros.

.