.
 
.
 
 
RUTA nº 344 PROVINCIA DE SEGOVIA Distancia desde Madrid: 115 Kms.
Castilla-León  CAÑONES DE LOS RIOS PIRÓN Y VIEJO
EL MARAVILLOSO PAÍS DEL 'TUERTO'
Cuevas, ermitas y árboles centenarios llenan este rincón del sur de Segovia, cuna del último bandido de la sierra

          Imprimir esta página

Peñarrubias de Pirón tiene su acceso más cómodo yendo por la carretera de A Coruña (A-6) hasta San Rafael y luego por la autopista A-31 hasta la capital segoviana, siguiendo a partir de aquí las indicaciones viales hacia Valladolid (CL-601), Turégano (C-603) y Peñarrubias
a lo largo del recorrido pistas de tierra y senderos con letreros de madera
la Asociación para el Desarrollo Rural de Segovia Sur (Ctra. de Segovia, 5; Espirdo; Segovia) ha señalizado ésta y otras rutas de senderismo por la zona. Asimismo, ha publicado guías con croquis que pueden socilitarse llamando al teléfono 921-44 9059 o bien consultarse de forma directa en Internet: www.a-segovia.com
mapa 18-18 (Turégano) del S.G.E. o la hoja 457 del I.G.N.
a sólo seis kilómetros de la capital segoviana, se alza La Casona de Espirdo (Las Fuentes, 19; Espirdo; tel.: 921-44 9012; www.rusticae.es), casa de finales del siglo XIX remozada según los cánones tradicionales con un generoso empleo de la piedra, la madera y la forja. De sus ocho habitaciones, gustan más las que dan al mediodía, con vistas a la sierra de Guadarrama. Precio bajo. El Zaguán (Plaza de España, 16; Turégano; tel.: 921-50 1165; www.ztv.es/users/zaguan) ofrece cordero asado en horno de leña y bacalao al ajoarriero en el marco más genuinamente segoviano que quepa imaginar: los soportales de la plaza mayor de Turégano. El establecimiento dispone además de 15 habitaciones, algunas con bañeras de hidromasaje y vistas al famoso castillo rosa que señorea la villa. Precio medio-bajo
sólo plantean algún problema el cruce del río Viejo –cuando baja crecido– y la localización de la cueva de la Mora, que no está señalizada sobre el terreno

Fernando Delgado Sanz había nacido al pie de la sierra en la aldea segoviana de Santo Domingo de Pirón, tenía una nube en el ojo izquierdo y era buscado, desde 1868, por bandolero. Lo primero y lo segundo explican su alias: 'Tuerto de Pirón'. Lo segundo y lo tercero, la copla: “Mucho ojo con el 'Tuerto', / que el que le sigue la pista, / fijo que termina muerto, / que es tuerto de doble vista”.

La verdad es que el 'Tuerto' nunca mató a nadie, si exceptuamos a un compinche suyo. Era un bandido piadoso e incluso frecuentaba la iglesia, como cuando escaló en 1880 la torre de la de Tenzuela, un asalto que lo catapultó a la fama y dio pie a esta jocosa variante de la copla susodicha: “Tened ojo con el 'Tuerto', / que es ladrón que nunca avisa, / capaz de robar al cura / el copón diciendo misa”.

Aunque el 'Tuerto' fue apresado al poco de aquello, para entonces ya había establecido un récord legendario: más de 15 años esquivando a la Benemérita de escondite en escondite, así fuera un simple árbol hueco. Y, como no hay dos sin tres, hasta mucho después de su muerte –ocurrida el 5 de julio de 1914 en la cárcel valenciana de San Miguel de los Reyes–, pudo sentirse esta tercera copla: “Mientras existan tocones, / le van a coger al 'Tuerto'.../ ¡Por los cojones!”

La comarca que surcan el río Pirón y su afluente el Viejo es, si uno se para a pensarlo, un buen lugar para entrenarse en las técnicas del bandidaje. Pueblan sus riberas chopos y fresnos añosísimos, en cuyos troncos carcomidos podría esconderse cómodamente, no ya un forajido, sino toda la familia Dalton. Horadan las paredes de sus cañones cuevas como la de la Vaquera o la de la Mora, muy útiles para lo mismo. Y en todos los pueblos del contorno, desde Sotosalbos hasta Villovela, se alzan iglesias románicas donde el Tuerto pudo aprender piedad, escalada y, como no era ciego, arte del bueno.

Una de esas joyas románicas es la ermita de la Virgen de la Octava, que descuella sobre un cerro triguero a las puertas de Peñarrubias de Pirón, pueblo donde hoy iniciamos nuestro paseo rodeando las casas por la calle más alta y saliendo hacia el sureste por el camino de Cabañas de Polendos. Hay un primer desvío a una granja, que no cogemos, y a los cinco minutos, otro bien señalizado por el que bajamos al río Pirón culebreando a través de un espeso encinar.

Avanzando aguas arriba, enseguida rebasamos las ruinas del molino de Covatillas, del siglo XIX, y como a media hora del inicio, las del caserío del mismo nombre, éste del XVIII, con su arqueado puente de piedra rubia, su fuente decorada con nobles armas y leones, y su anciana arboleda de álamos, fresnos y nogales sombreando un cuadro de estricta soledad e indecible melancolía.

Siempre por la misma orilla, y a través de espléndidas praderas salpicadas de sabinas, nos plantamos en una hora ante la pared del cañón de la que cuelga la ermita rupestre de Santiaguito, del siglo XVIII. Y justo enfrente, cruzando el Pirón por un puente de tablas que hay un poco más arriba, descubrimos la cueva de la Vaquera, cuya antigüedad, como guarida humana, se remonta al 4.000 a. C.

A unos 200 metros de la cueva, aguas abajo, afluye al Pirón el río Viejo, que también surca un hermoso cañón, éste de más pura y desnuda caliza. En él nos adentramos buscando un vado que nos permita cruzar el río Viejo –lo cual no siempre resulta fácil– y subir por la margen contraria hasta llegar a una fuentecilla que brota al pie de un espolón rocoso. Ahí mismo, casi en el borde superior del cañón, se esconde la cueva de la Mora, con un sepulcro excavado en la roca del tamaño de un niño, o de un eremita chiquitín.

Más adelante –a unas dos horas del inicio–, los restos lastimosos del corral de Máximo y sus lánguidos almendros señalan la hora, no menos triste, de volver. Bajando por la margen derecha de ambos ríos, y cruzando el Pirón por el puente de Covatillas, cerramos en Peñarrubias esta gira por el país del 'Tuerto', cegados por tanta belleza.

.